
Los infrasonidos, aquellos sonidos que se encuentran por debajo del espectro audible para el ser humano, pueden provocar alteraciones fisiológicas en el organismo, aumentar los niveles de estrés y afectar la percepción de un entorno como negativo. Este hallazgo, publicado recientemente en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience, proporciona una posible explicación para la sensación de incomodidad o miedo que algunas personas experimentan en lugares considerados “encantados” o “sobrenaturales”.
El sonido y su percepción
El sonido se define físicamente como una vibración que se propaga a través de un medio. La capacidad de audición varía entre especies; los humanos pueden percibir frecuencias que oscilan entre 20 y 20,000 Hz, mientras que los perros tienen un rango más amplio, de 60 a 45,000 Hz. A medida que la frecuencia disminuye, el sonido se vuelve más grave, y a medida que aumenta, se torna más agudo.
Cuando un sonido excede el rango audible, nuestro oído no lo registra, pero eso no implica que desaparezca. Las vibraciones continúan impactando el cuerpo, aunque el cerebro no las interprete como sonido. Investigaciones han demostrado que la química del cuerpo se ajusta en respuesta a los sonidos que se perciben. Por ejemplo, la música agradable incrementa la liberación de dopamina, mientras que los ruidos alarmantes activan la amígdala, la parte del cerebro que procesa el miedo. Este nuevo estudio indica que incluso los sonidos que no podemos oír pueden desencadenar respuestas fisiológicas, lo que sugiere que es importante considerar estas vibraciones en el análisis de los espacios que habitamos.
Impacto de los infrasonidos en el estado emocional
Con el fin de explorar este fenómeno, los investigadores sometieron a 36 participantes a infrasonidos de 18 Hz mientras escuchaban música que podía ser calmante o inquietante. Aunque el zumbido era imperceptible, su presencia física en la sala era real. Al concluir la sesión, los voluntarios proporcionaron muestras de saliva y completaron cuestionarios sobre su estado emocional.
Los resultados revelaron que, aunque nadie pudo detectar conscientemente el infrasonido, sus cuerpos sí reaccionaron. Aquellos expuestos a estas vibraciones mostraron niveles elevados de cortisol, la hormona asociada al estrés, y reportaron sentirse más irritables, tristes y menos interesados en la música. Este fenómeno inconsciente se alinea con estudios previos en animales, donde el infrasonido también genera estrés y comportamientos de alerta. Aunque aún no se ha identificado un mecanismo fisiológico específico, se sugiere que estas vibraciones actúan como un irritante ambiental, capaz de modificar el estado emocional sin que la persona lo advierta.
Infrasonidos en nuestro entorno cotidiano
Los infrasonidos son parte del paisaje sonoro invisible que nos rodea. Pueden originarse de fuentes naturales como temblores, tormentas, erupciones volcánicas o cascadas, así como de fuentes artificiales como turbinas, maquinaria industrial, tráfico o sistemas de ventilación. Así como la contaminación acústica de alto volumen impacta nuestra calidad de vida, un zumbido inaudible también podría elevar los niveles de cortisol y generar malestar o aversión hacia ciertos espacios.
Los investigadores sugieren que un sonido por debajo del espectro audible podría ser un factor que contribuya a que algunos lugares se perciban como incómodos o inquietantes. En la cultura popular, los sitios “embrujados” suelen asociarse con cambios repentinos en el estado de ánimo. Sin embargo, muchos de estos lugares, como sótanos, edificios antiguos, hospitales o hoteles deshabitados, suelen estar cerca de tuberías o maquinaria, que son fuentes comunes de vibraciones de baja frecuencia.
“Si te dijeran que el edificio estaba embrujado, podrías atribuir esa agitación a algo sobrenatural. En realidad, es posible que simplemente hayas estado expuesto al infrasonido”, afirmaron los investigadores en un comunicado.
