
Bajo las aguas del estrecho de Ormuz se encuentra una compleja red de cables submarinos que transportan tráfico de internet, datos financieros y servicios en la nube entre el Golfo, Europa y Asia. A nivel global, estos cables son responsables de aproximadamente el 99% del tráfico de internet, convirtiéndose en uno de los pilares de la economía digital.
Estos cables facilitan el procesamiento de pagos, la conexión entre empresas, el soporte a plataformas gubernamentales y el funcionamiento de servicios en línea esenciales en toda la región.
Recientemente, se ha comenzado a hablar de estos cables en términos estratégicos. La agencia de noticias iraní Tasnim, vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), ha destacado la vulnerabilidad de los cables submarinos de internet que cruzan el Golfo.
La agencia advirtió que un daño simultáneo a varios cables importantes, ya sea por accidente o acción deliberada, podría provocar severos cortes en toda la región. Esta advertencia refleja un cambio más amplio en la dinámica de los conflictos. En una economía digital, la presión no necesariamente comienza en puertos, oleoductos o aeropuertos.
Impacto de los ataques
Los ataques a sistemas como AAE-1, Falcon, el Sistema Internacional de Cableado del Puente del Golfo, SEA-ME-WE y TGN-Gulf amenazarían el acceso a internet de millones de personas. Según el informe de Tasnim, esta red combinada representa el 97% de la conectividad en la región.
Las repercusiones irían más allá de la simple lentitud en la navegación web. Estos cables son fundamentales para los sistemas bancarios, las plataformas en la nube, las operaciones comerciales, las redes logísticas y los servicios digitales críticos en todo el Golfo. Además, son esenciales para las comunicaciones en situaciones de emergencia.
Kristian Coates Ulrichsen, investigador del Instituto Baker de la Universidad Rice, señala que 17 sistemas de cables submarinos transportan alrededor del 30% del tráfico de internet entre Europa, Asia y Oriente Medio.
Advierte sobre un «doble efecto de estrangulamiento» si el Golfo y el Mar Rojo experimentan interrupciones simultáneas. Esta vulnerabilidad tiene raíces históricas, ya que muchas rutas a través del estrecho de Ormuz se han concentrado en canales omaníes para evitar aguas iraníes. Esto ha creado un corredor denso donde un solo incidente, desde un ancla hasta una mina naval, podría causar una interrupción significativa.
La geografía y sus desafíos
Los Emiratos Árabes Unidos tienen una ventaja geográfica, ya que su principal desembarcadero de cables, en Fujairah, está fuera del corredor de mayor riesgo. Bahréin, Qatar y Kuwait pueden recurrir a rutas terrestres de reserva a través de Arabia Saudí, pero según Ulrichsen, estas son insuficientes.
Las redes terrestres no tienen la capacidad para manejar el gran volumen de tráfico submarino y siguen siendo vulnerables a conflictos regionales.
La realidad física de Internet
La mayoría de las personas perciben internet como algo etéreo, pero en realidad, los cables submarinos son físicos y no mucho más anchos que una manguera de jardín. En su interior, delgadas hebras de vidrio transportan pulsos láser a cientos de gigabits por segundo, envueltas en capas de plástico, alambre de acero, cobre y nylon.
Algunos sistemas modernos incluso cuentan con una fina capa de acero diseñada para protegerse contra las mordeduras de peces, una solución de ingeniería ante los ataques de tiburones en los años 80, cuando se encontraron dientes incrustados en cables de prueba.
