
La función de voz a texto se ha convertido en una característica común en las computadoras modernas. Sin embargo, ¿qué pasaría si no tuvieras que dictar a la computadora? ¿Y si pudieras escribir únicamente con el poder de tu mente?
Sabi, una startup de Silicon Valley, ha emergido con esta ambiciosa meta. La compañía está trabajando en un dispositivo cerebral portátil que decodifica el habla interna de una persona y la transforma en palabras en la pantalla de una computadora. Su CEO, Rahul Chhabra, ha afirmado que su primer producto, un gorro diseñado para leer la actividad cerebral, estará disponible a finales de este año. Además, la empresa está desarrollando una versión que se asemejará a una gorra de béisbol.
Interfaz cerebro-computadora
La tecnología detrás de este innovador dispositivo se conoce como interfaz cerebro-computadora (BCI), que establece una conexión directa entre el cerebro y un dispositivo externo. Mientras que muchas empresas, como Neuralink, de Elon Musk, están enfocadas en desarrollar BCI que requieren implantes quirúrgicos para ayudar a personas con discapacidades motoras severas, el enfoque de Sabi podría permitir que cualquier persona se convierta en un cyborg.
Este enfoque no se alinea completamente con la visión de Musk, quien busca implantar chips cerebrales para fusionar a los humanos con la inteligencia artificial. Sin embargo, el inversionista de capital de riesgo Vinod Khosla, uno de los primeros inversores en OpenAI, sostiene que un dispositivo portátil y no invasivo es la única forma de lograr que una gran cantidad de personas adopte la tecnología BCI.
Electroencefalografía y sus desafíos
El gorro lector de cerebros de Sabi utiliza electroencefalografía (EEG), que implica la colocación de discos metálicos en el cuero cabelludo para registrar la actividad eléctrica del cerebro. Aunque ya es posible decodificar el habla imaginaria mediante EEG, esta capacidad se limita actualmente a conjuntos reducidos de palabras o comandos, y no abarca el habla natural y continua.
Uno de los principales desafíos de un sistema portátil es que los sensores deben captar las señales del cerebro a través de una capa de piel y hueso, lo que atenúa la claridad de las señales neuronales. En contraste, los dispositivos implantados quirúrgicamente pueden captar señales mucho más fuertes debido a su proximidad a las neuronas. Sabi está convencida de que la clave para mejorar la precisión de un dispositivo portátil radica en incrementar significativamente el número de sensores. Mientras que la mayoría de los dispositivos de EEG cuentan con entre una docena y unos cientos de sensores, el de Sabi tendrá entre 70,000 y 100,000 sensores en miniatura.
«Con una alta densidad de sensores, podemos identificar con precisión qué actividad neuronal está ocurriendo y en qué lugar. Utilizamos esta información para obtener datos más confiables que nos permitan descifrar lo que una persona está pensando», explica Chhabra.
Velocidad de escritura y futuro del dispositivo
El objetivo de Sabi es alcanzar una velocidad inicial de escritura de aproximadamente 30 palabras por minuto. Aunque esta velocidad es inferior a la de la mayoría de las personas al teclear, la empresa confía en que la velocidad mejorará a medida que los usuarios se familiaricen más con el uso del gorro.
