El envejecimiento es un proceso subjetivo y variable que no se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Mientras que la edad cronológica avanza de forma uniforme, el deterioro físico puede ocurrir a ritmos diferentes, lo que da lugar a lo que se conoce como edad biológica o fisiológica. Esta distinción puede entenderse como la diferencia entre «ser joven» y «sentirse joven». Para investigar estas variaciones, la ciencia utiliza indicadores que integran diversas señales fisiológicas, facilitando así la estimación del estado del cuerpo en relación con lo que se esperaría para una edad específica.
Método de evaluación de la edad biológica
Uno de los métodos destacados es el algoritmo Klemera-Doubal (KDM, en inglés), el cual combina varios biomarcadores importantes para el funcionamiento del organismo, tales como colesterol, glucosa, presión arterial, índice de masa corporal y capacidad pulmonar, entre otros. Recientemente, un estudio dirigido por Caitlin Andrews de la Universidad de Sídney indagó sobre la posibilidad de que este indicador variara tras una modificación en la dieta durante un periodo de solo cuatro semanas. A pesar de la brevedad del tiempo, los resultados, publicados en la revista Aging Cell, sugieren que sí hay cambios significativos.
Para llevar a cabo el estudio, se utilizaron datos del ensayo Nutrition for Healthy Living, en el que participaron 104 adultos de entre 65 y 75 años. Los voluntarios fueron distribuidos aleatoriamente en cuatro grupos, cada uno asignado a una dieta diferente:
- Una dieta omnívora alta en grasas.
- Una dieta omnívora rica en carbohidratos.
- Una dieta semivegetariana alta en grasas.
- Una dieta semivegetariana rica en carbohidratos.
Cada una de estas dietas proporcionó un 14% de la energía proveniente de proteínas, mientras que la distribución de grasas y carbohidratos difería entre los grupos. Durante el transcurso de las cuatro semanas, los participantes recibieron todos sus alimentos a través de un servicio de entrega a domicilio y tuvieron la libertad de elegir entre los menús establecidos.
Análisis de los resultados
Para medir los cambios en la edad biológica, el equipo investigador calculó un indicador denominado delta de edad (δAge), que representa la diferencia entre la edad biológica estimada mediante el KDM y la edad cronológica. Un valor positivo sugiere que el perfil biológico se asemeja más a características asociadas con una edad mayor, mientras que un valor negativo indica una mayor cercanía a un perfil biológico más favorable.
El grupo que siguió la dieta omnívora alta en grasas, que era la más cercana a la alimentación habitual de los participantes, no mostró cambios significativos en su delta de edad. Por el contrario, los otros tres grupos experimentaron, en promedio, una reducción notable en este indicador. Esta diferencia fue estadísticamente significativa para el grupo que siguió la dieta omnívora rica en carbohidratos en comparación con la dieta de referencia, tanto en una versión del KDM como en otra que incluía un conjunto más amplio de biomarcadores.
Las dietas semivegetarianas también evidenciaron reducciones en el delta de edad. En particular, la versión semivegetariana rica en grasas mostró una diferencia estadísticamente significativa en comparación con la dieta omnívora alta en grasas. Aunque la dieta semivegetariana rica en carbohidratos también presentó valores más bajos de delta de edad, la diferencia no alcanzó el nivel de significación estadística convencional. En general, los cambios observados fueron consistentes entre los grupos que se alejaron de su alimentación habitual.
Características de las dietas efectivas
Los investigadores identificaron que las dietas que lograron las mayores reducciones en el δAge se diferenciaban de la alimentación inicial principalmente por una menor proporción de grasas y un incremento en la cantidad de fibra. Estas incluían un mayor consumo de frutas, verduras y legumbres. Los carbohidratos utilizados durante el ensayo eran predominantemente complejos, provenientes de alimentos enteros y mínimamente procesados, como papas, maíz, avena, arroz, lentejas y frijoles. Es importante destacar que estos resultados no deben ser extrapolados a dietas ricas en carbohidratos refinados o simples.
Sin embargo, los autores del estudio advierten que la reducción en δAge no implica necesariamente que una persona haya experimentado un «rejuvenecimiento» biológico. Muchos de los biomarcadores utilizados en el KDM responden rápidamente a cambios en la alimentación y otros factores fisiológicos. Una modificación temporal en la dieta podría alterar indicadores metabólicos, cardiovasculares o inflamatorios sin que esto signifique un cambio duradero en los procesos que regulan el envejecimiento biológico.
Perspectivas futuras del estudio
Por lo tanto, los investigadores consideran que el delta de edad puede ser un indicador sensible del estado fisiológico y su respuesta a la alimentación, aunque no constituye una prueba concluyente de que el envejecimiento se haya revertido. Además, el estudio no se diseñó para evaluar si los cambios observados se mantienen después de finalizar la dieta o si contribuyen a una reducción del riesgo de enfermedades a largo plazo.
En conclusión, este estudio demuestra que cambios dietéticos durante un periodo de cuatro semanas pueden influir de manera notable en ciertos indicadores relacionados con la edad biológica, especialmente cuando se incorpora un mayor consumo de carbohidratos complejos y alimentos de origen vegetal. Sin embargo, es necesario realizar investigaciones más amplias para determinar si estos efectos a corto plazo se traducen en beneficios duraderos para la salud y la funcionalidad del organismo.
