noviembre 3, 2026

Nuevo estudio revela que el 75% de los exjugadores de la NFL fallecidos padecían enfermedades cerebrales por golpes repetidos

Los golpes en la cabeza son una realidad habitual en los deportes de contacto, como el boxeo, el rugby y el hockey. En el caso del fútbol americano, donde los impactos son notoriamente intensos, se ha aceptado durante mucho tiempo que forman parte del juego. Sin embargo, las repercusiones de estos choques pueden manifestarse años después de que los atletas se retiran de la competición. Una de las consecuencias más alarmantes es la encefalopatía traumática crónica (CTE, por sus siglas en inglés), una enfermedad neurodegenerativa asociada a los impactos repetidos en la cabeza, que puede generar problemas de memoria, alteraciones en el comportamiento e incluso demencia en algunos casos.

La CTE ha generado un intenso debate en la NFL, la liga profesional de fútbol americano más prominente a nivel mundial. Desde 2011, la organización ha enfrentado numerosas demandas de exjugadores debido a los peligros de las lesiones cerebrales. Ante este desafío, los científicos han dedicado años a investigar la frecuencia de esta enfermedad entre los futbolistas. Sin embargo, establecer una cifra exacta es complicado, ya que la CTE solo puede ser diagnosticada de manera definitiva post mortem, a través del análisis del tejido cerebral.

Uno de los casos más emblemáticos es el de Junior Seau, una leyenda de la NFL que tuvo una carrera de 20 temporadas y se suicidó en 2012, a la edad de 43 años. Su familia reportó que en sus últimos años, Seau sufría de problemas de memoria, cambios drásticos en su estado de ánimo y depresión. Tras su fallecimiento, su cerebro fue donado para investigación, donde se encontraron indicios de CTE.

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Una mirada más precisa a la CTE

Un grupo de investigadores de la Universidad de Boston ha abordado esta problemática utilizando una base de datos de exjugadores de la NFL cuyos cerebros ya habían sido analizados. En un estudio reciente, publicado en JAMA Network Open a finales de octubre, los científicos aplicaron un ajuste estadístico para ofrecer una visión más clara de la magnitud del problema. Se estima que el 74.5% de los jugadores fallecidos entre 2008 y 2023 presentaban CTE.

El estudio se basó en 387 cerebros donados, de los cuales 362, es decir, el 94%, habían sido diagnosticados con algún grado de CTE. A primera vista, esto podría sugerir que más del 90% de los exjugadores fallecidos de la NFL sufrían de esta enfermedad. Sin embargo, se identificó un sesgo: las familias de los jugadores que habían mostrado problemas cognitivos eran más propensas a donar sus cerebros, lo que podría haber inflado la cifra.

Para lograr un resultado más confiable, los investigadores analizaron los registros de defunción de 2,362 jugadores de la NFL que habían fallecido entre 2008 y 2023. De estos, se incluían los 387 que donaron sus cerebros para análisis. Además, se tomaron en cuenta factores como la edad al morir, la posición que ocupaban en el campo, los años de carrera profesional y los antecedentes de deterioro cognitivo.

Resultados alarmantes y la necesidad de acción

Los hallazgos revelaron que las familias de los jugadores que habían experimentado problemas de memoria u otros síntomas cognitivos tenían cinco veces más probabilidades de donar sus cerebros. Al considerar este sesgo y los registros de otros jugadores fallecidos, se realizó un nuevo cálculo. Aunque la cifra resultante fue menor, sigue siendo preocupante: aproximadamente tres de cada cuatro exjugadores fallecidos de la NFL podrían haber padecido CTE.

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Julia Gallini, autora principal del estudio, destacó la gravedad de estos resultados en un comunicado: “La CTE se ha encontrado de manera consistente en menos del 1% de los cerebros donados a bancos comunitarios. Por lo tanto, una prevalencia estimada del 75% entre los jugadores de la NFL fallecidos durante un periodo de 16 años es alarmante. Estos resultados sugieren que debemos intensificar nuestros esfuerzos para apoyar a las familias, diagnosticar la enfermedad en personas vivas y abordar sus síntomas”.

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