septiembre 5, 2026

La APA advierte: Reducir las pantallas en las aulas no garantiza un mayor aprendizaje

Las estrategias que se enfocan exclusivamente en reducir o eliminar el tiempo de uso de pantallas y tecnologías en los entornos educativos y familiares podrían no ser las más efectivas para asegurar un impacto positivo en el aprendizaje de los estudiantes más jóvenes. En lugar de ello, sería más provechoso considerar factores como el diseño de las herramientas, las actividades que las complementan o sustituyen, y el grado de participación de tutores y docentes en la incorporación de estos recursos.

Este planteamiento se extrae de un reciente informe elaborado por la Asociación Americana de Psicología, que examina el uso de la tecnología educativa (EdTech) entre niños y adolescentes de 5 a 18 años. El documento, titulado «Informe de expertos de la APA sobre el aprendizaje de niños y adolescentes con tecnología educativa», revela que la EdTech no es intrínsecamente buena ni mala para los estudiantes. Sus efectos varían según cómo los alumnos interactúan con ella, cómo la integran los adultos, así como la edad y las necesidades específicas de cada niño.

La asociación enfatiza que la tecnología educativa está en constante evolución y presenta grandes diferencias en la calidad de las herramientas disponibles. Por ello, es crucial que “las decisiones se basen en evidencia científica rigurosa, en lugar de promesas comerciales”. Además, el informe menciona que el tiempo que los estudiantes pasan frente a la pantalla impacta directamente en su aprendizaje y bienestar psicosocial. Un aumento en el uso de dispositivos se asocia con menos tiempo para dormir, leer, hacer ejercicio, socializar y participar en actividades prácticas.

El momento y la calidad del uso de la tecnología

El informe también señala que el contexto en el que se utilizan los dispositivos es determinante. Por ejemplo, una actividad digital demasiado estimulante puede no ser adecuada antes de dormir o antes de realizar tareas que requieren concentración. Sin embargo, la APA advierte que crear regulaciones que solo aborden estos aspectos podría resultar menos efectivo que implementar alternativas que traten el problema de manera integral. Esto incluye la incorporación de actividades fuera de línea que complementen las experiencias digitales y la intervención de tutores y profesores para asegurar una adecuada integración de las nuevas tecnologías, acorde a la edad de los estudiantes.

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En relación a la edad, se sugiere que para los niños de 5 a 8 años, la adopción de recursos tecnológicos debe ir acompañada de supervisión adulta, tanto en el hogar como en el aula. Esto es fundamental para equilibrar las actividades digitales con otras experiencias clave para su desarrollo, como hablar, leer, escribir, dibujar y jugar. La organización advierte que los medios digitales no deben usarse como una herramienta para mantener ocupados a los niños ni como una recompensa en el entorno escolar, sino que deben ser implementados con objetivos claros y específicos.

Autonomía y autorregulación en el uso de EdTech

Para los estudiantes de entre 9 y 12 años, se recomienda un uso más independiente de la tecnología, siempre que existan mecanismos que fomenten la reflexión sobre los conocimientos adquiridos y su aplicación en contextos fuera de las plataformas digitales. En este grupo de edad, el enfoque debe ir más allá de controlar el acceso; se trata de enseñar a los jóvenes a desarrollar habilidades de autorregulación en relación con el uso de la tecnología. Los adultos deben acompañar este proceso, promoviendo un uso consciente en lugar de limitarse a establecer restricciones de tiempo.

Finalmente, el informe destaca que los adolescentes de 13 a 18 años pueden tener mayor autonomía en su elección y uso de herramientas tecnológicas. Sin embargo, subraya la importancia de que estos jóvenes reflexionen sobre sus decisiones, verifiquen la información que obtienen y sean capaces de cumplir tareas y resolver problemas de forma independiente, sin depender exclusivamente de la tecnología.

Consideraciones sobre la inteligencia artificial en la educación

El documento también aborda el uso de la inteligencia artificial generativa (GenIA), señalando que la evidencia sobre sus efectos en los procesos de aprendizaje es aún limitada. No obstante, los estudios iniciales sugieren la existencia de riesgos considerables. Aunque la IA puede ayudar a los estudiantes a resolver problemas con respuestas más completas, existe el riesgo de que disminuyan su capacidad para recordar información y resolver problemas de manera autónoma, lo que podría afectar su confianza y su habilidad para aplicar lo aprendido a largo plazo.

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El informe apunta que las características de la IA, que simulan interacciones humanas, pueden aumentar la confianza y cercanía emocional. Los niños y adolescentes pueden encontrar a un chatbot más humano y confiable cuando este utiliza un lenguaje cálido, lo que genera preocupaciones sobre una posible dependencia emocional, particularmente entre aquellos jóvenes que son social, emocional o psicológicamente vulnerables. Por lo tanto, se recomienda que el uso de inteligencia artificial en el ámbito escolar se realice con precaución y adaptaciones apropiadas a la edad de los estudiantes.

Un nuevo enfoque en el uso de la tecnología educativa

Entre las propuestas, se sugiere que los alumnos presenten primero sus propias ideas antes de comparar sus respuestas con las generadas por la IA, identificando diferencias y justificando cuál consideran más adecuada. El enfoque debe centrarse en utilizar la inteligencia artificial como apoyo en el desarrollo del razonamiento, y no como un sustituto de la creatividad inicial del estudiante.

El informe concluye que prohibir o reducir el uso de la tecnología en las aulas no garantiza necesariamente un mejor aprendizaje. Las herramientas digitales pueden ser beneficiosas siempre que se definan claramente los objetivos educativos, se evalúen los recursos por sus resultados y no solo por el grado de participación, se analicen las actividades que suelen ser desplazadas por el uso de pantallas y se diseñen planes que contemplen capacitación, investigación y evaluación continua.

Así, se plantea que la pregunta clave no debe ser cuánto tiempo pasan los estudiantes frente a las pantallas, sino qué aprenden de esas experiencias, qué actividades reemplaza, quién se beneficia de su uso, qué riesgos conlleva y si los conocimientos adquiridos pueden ser aplicados en contextos fuera del entorno digital. La APA enfatiza que es fundamental cambiar la narrativa del debate: en lugar de cuestionar si los jóvenes utilizan demasiada tecnología, es más relevante indagar cómo, cuándo y para qué la emplean. La calidad del aprendizaje dependerá no solo de la disponibilidad de dispositivos y plataformas en las aulas, sino también de cómo se integran estas herramientas en las experiencias educativas y del acompañamiento que reciben los estudiantes durante este proceso.

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