España se posiciona como uno de los líderes mundiales en el consumo de aceitunas, y en un esfuerzo por aprovechar los recursos, Barcelona ha desarrollado una innovadora estrategia para reutilizar parte de las 500,000 toneladas de huesos de aceituna generadas anualmente en el país. Este enfoque se centra en la creación de un nuevo tipo de pavimento para sus calles, conocido como Biochar.
La propuesta de Biochar no solo busca ofrecer una alternativa más ecológica al asfalto convencional, sino que también tiene el potencial de disminuir hasta un 75% las emisiones de dióxido de carbono (CO2) derivadas de la construcción de carreteras y aceras. Este proyecto se basa en la sustitución del filler calizo, que es un componente habitual en las mezclas asfálticas, por biocarbón producido a partir de huesos de aceituna.
Un cambio en la composición del asfalto
El filler calizo, un polvo inorgánico predominantemente compuesto por carbonato de calcio, se obtiene de rocas calizas pulverizadas y representa hasta el 95% de la mezcla utilizada en el asfalto. A pesar de ser considerado de bajo impacto ambiental, se ha demostrado que el asfalto tradicional puede contribuir a la contaminación del aire cuando se expone a temperaturas elevadas y a la luz solar. Este proceso puede generar partículas diminutas que, al permanecer en la atmósfera, intensifican los niveles de contaminación. Además, la producción de asfalto convencional emite, en promedio, entre 40 y 70 kilogramos de CO2 equivalente por tonelada fabricada.
Convirtiendo residuos en soluciones sostenibles
El proyecto Biochar busca mitigar estos problemas a través del uso de biocarbón, un material sólido rico en carbono que se obtiene mediante la conversión termoquímica de la biomasa, en este caso, los huesos de aceituna. Este material no solo tiene la capacidad de retener CO2 durante períodos prolongados, sino que también actúa como un mecanismo para reducir el impacto de este gas de efecto invernadero en el entorno.
La iniciativa, liderada por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), en colaboración con las empresas constructoras Asfaltos y Construcciones Elsan (ELSAN) y Agustí y Masoliver (AMSA), afirma que el uso de este residuo agrícola no compromete la calidad ni la durabilidad del pavimento. De hecho, sus promotores destacan que el biocarbón presenta características comparables a los materiales tradicionales, ofreciendo una mayor resistencia a la humedad, mejor capacidad para prevenir grietas y fisuras, y un comportamiento más estable ante cambios de temperatura.
Un proyecto con respaldo y futuro prometedor
El proyecto ha recibido una subvención de 90,000 euros tras ser seleccionado en la convocatoria ‘La sección de calle del siglo XXI’, un programa impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona, la Fundación BIT Habitat y la empresa municipal BIMSA, que tiene como objetivo fomentar innovaciones que reduzcan el impacto ambiental de las obras en espacios públicos.
Actualmente, la propuesta de Biochar se encuentra en la fase de pruebas de laboratorio, a cargo de la UPC, para verificar su seguridad y resistencia. Se espera que estas pruebas finalicen este mes, y, si los resultados son satisfactorios, se llevarán a cabo ensayos en algunas calles de Barcelona el próximo año. Estos experimentos permitirán evaluar el rendimiento del pavimento en condiciones reales y determinar la cantidad de carbono que puede retener. Con base en estos resultados, se decidirá la viabilidad de implementar esta tecnología a gran escala y su posible expansión a otras ciudades europeas.
