Un evento histórico en Ourense
El 12 de agosto, los habitantes de Ourense fueron testigos de un fenómeno astronómico que no se había visto en la provincia en 114 años. Este evento, un eclipse solar, atrajo a miles de personas que se congregaron en un lugar privilegiado para disfrutar de la experiencia. Sin embargo, para el fotógrafo Xulio Pazo, esta fecha tendría un significado especial que iba más allá de la observación del eclipse.
Mientras el público miraba al cielo, Xulio aguardaba el momento exacto para capturar una pedida de mano que se llevaría a cabo bajo la sombra del eclipse. Carlos y Nadia, una pareja de Málaga, habían viajado a Asturias con la esperanza de presenciar cómo el día se convertía en noche por un breve instante. Para Nadia, la experiencia prometía ser mágica, aunque nada sabía de la sorpresa que su pareja había planeado.
Preparativos bajo presión
El malagueño había contactado a Xulio con antelación para organizar la sorpresa. Inicialmente, la escena estaba prevista para Luarca, pero las condiciones meteorológicas obligaron a cambiar de ubicación. “Fue bastante estresante porque tuvimos que modificar completamente los planes en el mismo día debido a las nubes”, recuerda Pazo. Este contratiempo les llevó a encontrar un nuevo lugar en tiempo récord que permitiera que todo saliera como estaba planeado.
La solución llegó en Puerto Cerredo, donde Valeria, asistente de Xulio, desempeñó un papel crucial al localizar el sitio ideal para la sesión. Además, se encargó de iluminar a los novios con luz artificial, un aspecto esencial dado el desafío lumínico que presentaba la situación. “Tienes poco tiempo de reacción y no conoces las condiciones de luz reales. Carlos sabía lo que íbamos a hacer, pero Nadia no tenía idea. Todo debía estar preparado sin levantar sospechas, y cuando llegara el momento, solo habría una oportunidad”, explica Pazo.
Un instante para el recuerdo
A pesar de los retos, cuando llegó el momento decisivo, todos los esfuerzos valieron la pena. Carlos se posicionó frente a Nadia mientras la Luna cubría completamente el Sol, y Xulio disparó, logrando capturar en una sola imagen a la pareja, las montañas asturianas y la corona solar. “Fue un día lleno de tensión hasta el último momento, pero cuando se arrodilló y vi la escena completa, fue muy reconfortante. Todo estaba en su lugar: el eclipse, el paisaje y ellos dos en un encuadre perfecto”, relata el fotógrafo.
La experiencia del 12 de agosto dejó una huella imborrable en Xulio, quien inicialmente había planeado observar el eclipse de manera tranquila, sin la presión de capturarlo en fotografías. “Soy un gran aficionado a la astronomía y mi idea era simplemente disfrutarlo, pero el encargo de Carlos transformó ese día en un auténtico desafío”, confiesa entre risas.

