Una semana más, la avenida de Portugal sigue siendo un descampado de socavones, vallas y polvo, mientras continúan las obras de emergencia, que cubren aceras de manera provisional y aumentan la incertidumbre de vecinos y comerciantes sobre cuándo podrán disfrutar de una calle en condiciones.
Entre abandonos, “reinicios” de los trabajos y la falta de licitación para la restauración completa, esta obra cumple ya un año desde su inicio, dejando a una de las vías principales de la ciudad en peores condiciones que hace 365 días y sin expectativas de mejoras a corto y medio plazo.
La situación actual de la obra
“Los barrios están entrando gracias a nuestro gobierno en el siglo XXI con 20 años de retraso porque los gobiernos anteriores en las primeras décadas no habían hecho nada”, indicó el concejal de Infraestructuras, Francisco Lorenzo, hace un año. Sin embargo, a día de hoy, más que avanzar hacia el siglo XXI, la calle parece haber retrocedido en el tiempo, evocando una época en la que los ourensanos se desplazaban en carruajes de caballos.
El alcalde Gonzalo Pérez Jácome tenía razón al afirmar en su discurso inaugural que esta obra “va a cambiar el barrio de O Couto”. Sin embargo, moverse por la zona se ha vuelto, sin duda, mucho más complicado.
Falta de licitación y abandono
A estas alturas, el proyecto debería estar finalizado. Sin embargo, ni siquiera existe una licitación para completar la restauración, habiendo perdido ya la subvención de más de 1,4 millones de euros de los fondos Next Generation.
Tras el abandono de Opain a principios de marzo debido a los impagos del Concello, el gobierno municipal activó la opción de obra de emergencia. La empresa Misturas está llevando a cabo esta tarea, con el único objetivo de tapar socavones y aceras en tierra.
Opiniones de los vecinos
La mayoría de las aceras se están cubriendo con una capa de cemento, pero de manera provisional, sin un sistema de conductos adecuado por debajo, lo que genera preocupación: “Es tapar para después volver a taladrar”, resaltó la representante vecinal Chelo Montero.
“Está todo hecho un cristo, lleno de tierra. En verano, cuando la gente sale más, va a ser todavía más desastroso”, destacó Martín Bernardo Estévez, residente en la zona, quien considera que esta obra está dividiendo físicamente el barrio debido a las complicaciones de movilidad, especialmente por la falta de acceso a través de la plaza de O Couto, lo que ha condicionado a los comercios, que llevan un año sufriendo una progresiva pérdida de clientela y facturación.

