Una innovadora startup estadounidense ha revelado que su tecnología tiene el potencial de influir en el clima y aumentar la precipitación. Este experimento tuvo lugar el 23 de agosto en la península de Kenai, durante un periodo de baja presión en el golfo de Alaska. Según la información proporcionada por Rainmaker Technology Corporation, la operación implicó la realización de siete vuelos coordinados que generaron señales detectables en el radar, resultando en una estimación de 57.6 acre-pies de precipitación adicional. Este volumen equivale aproximadamente a 19 millones de galones de agua generados en solo tres horas, como se detalla en el comunicado de la empresa.
La técnica de siembra glaciogénica
El método utilizado para lograr este fenómeno es conocido como siembra glaciogénica de nubes. Esta técnica, que se desarrolló originalmente en 1946, consiste en introducir partículas de yoduro de plata (AgI) en las nubes, las cuales actúan como núcleos para la formación de cristales de hielo. A medida que estos cristales crecen, pueden alcanzar un tamaño suficiente para precipitar. Rainmaker se presenta como la primera empresa privada en la historia en generar lluvias, nevadas y agua dulce a gran escala utilizando drones.
Para llevar a cabo la prueba, la startup empleó dos drones, denominados EL-151 y EL-153. Entre las 6:38 y las 9:33 UTC, se liberaron un total de 19 bengalas, cada una conteniendo aproximadamente 19.7 gramos de yoduro de plata, lo que suma un total de cerca de 374 gramos del compuesto. Los primeros vuelos se realizaron a una altitud de 3.6 kilómetros sobre el nivel del mar, y posteriormente, los drones alcanzaron alrededor de 4.2 kilómetros, donde las condiciones eran más propicias para la activación del yoduro de plata.
Los datos meteorológicos registrados indicaban temperaturas cercanas a -10 °C en las altitudes donde se realizó la siembra, junto con una elevada humedad y la presencia de agua líquida superenfriada, es decir, gotas que permanecen en estado líquido a temperaturas por debajo de 0 °C. Según Rainmaker, estas condiciones son idóneas para que el yoduro de plata favorezca la formación de hielo.
Identificación de la lluvia artificial
Un desafío científico previo consistía en diferenciar la lluvia generada artificialmente de la que ocurría de forma natural. En Alaska, durante el experimento, ya había precipitaciones débiles. Por ello, Rainmaker utilizó el radar meteorológico PAHG NEXRAD para identificar patrones que surgieran después de cada liberación y que se correspondieran con el desplazamiento y crecimiento de las partículas de hielo.
El análisis reveló siete “firmas de siembra”, que aparecieron entre 17 y 40 minutos después de cada liberación, y que se pudieron seguir durante períodos de entre 42 y 98 minutos. Algunas de estas firmas alcanzaron extensiones horizontales superiores a 40 kilómetros cuadrados, siendo la segunda la más amplia, con 41.2 kilómetros cuadrados, mientras que la séptima llegó a 9.4 kilómetros cuadrados.
El resultado medio de un conjunto de 27 estimaciones fue de 57.62 acre-pies de precipitación atribuible a la siembra. Dos de las siete firmas representaron más de la mitad del volumen total estimado. Además, Rainmaker calculó que el área donde se acumuló al menos 0.01 milímetros de precipitación atribuible a la operación fue de 249.53 kilómetros cuadrados, con una zona central donde la lluvia adicional estimada superó 1 milímetro.
Retos y perspectivas futuras
A pesar del éxito de la operación, el informe menciona varias limitaciones; por lo tanto, los resultados deben interpretarse como una prueba de concepto y no como una afirmación de que los drones pueden generar lluvia en cualquier circunstancia. La técnica depende de la existencia de nubes con características físicas específicas y de la disponibilidad de suficiente agua superenfriada para que el proceso tenga lugar.
Para Rainmaker, la relevancia del experimento radica en la capacidad de observar repetidamente patrones en el radar asociados a operaciones individuales de siembra y en la posterior estimación del volumen de precipitación relacionado. La empresa tiene planes de seguir perfeccionando su sistema durante la próxima temporada invernal, abriendo la puerta a una nueva era en la modificación del clima.
En lugar de depender únicamente de aeronaves tripuladas o de operaciones a gran escala, pequeños drones podrían ser utilizados para introducir agentes de siembra de manera directa en áreas específicas de las nubes. El desafío ahora será determinar hasta qué punto este efecto puede ser reproducido consistentemente y cuánto control se puede ejercer sobre la lluvia generada.
La startup, originaria de California, promete que la continua mejora de sus capacidades en la siembra de nubes permitirá llevar agua de manera más eficiente a regiones afectadas por la sequía, como la cuenca del Gran Lago Salado y el río Colorado.
