El primer trimestre del año había encendido las alarmas en los despachos policiales, pero el verano de 2026 se está revelando en Ourense como un desafío de seguridad a múltiples niveles. A la consolidación de los asaltos a domicilios, uno de los delitos que más creció en el arranque del año, se suman ahora los robos en vehículos, los hurtos al descuido y el repunte de la violencia machista. Ante este escenario y coincidiendo con el pico de desplazamientos vacacionales, la Policía Nacional ha tenido que multiplicar sus frentes de acción, insistiendo en que la prevención y la colaboración ciudadana son vitales.
Lejos de estabilizarse, la amenaza contra el patrimonio ha cristalizado con una oleada de robos en domicilios. Tras estos asaltos estivales, los investigadores sospechan de la incursión de una banda organizada de carácter itinerante, cuyo objetivo es quirúrgico y rápido: buscan exclusivamente dinero en efectivo y joyas.
Asaltos a plena luz
Los agentes advierten que el modus operandi ya no se limita al amparo de la noche. Los asaltos se están produciendo a plena luz del día y aprovechando ausencias de apenas unas horas, el tiempo justo que las familias tardan en asistir a unas fiestas locales o a un evento al aire libre. La directriz policial es clara: aunque la salida sea por unos minutos, “hay que accionar todas las vueltas de la llave”. Cerrar la puerta “al golpe” es facilitar el trabajo a los delincuentes, que acceden a las viviendas en segundos mediante el método del resbalón.
El asalto domiciliario rara vez obedece al azar. Estas bandas realizan labores de inteligencia previa y “marcan” las casas con sutiles hilos de pegamento, minúsculas tiras de plástico o pequeñas marcas entre el marco y la puerta (los “testigos”). Si días después el marcador sigue intacto, tienen la certeza de que no hay nadie. La advertencia es tajante: si se detectan, no deben tocarse y hay que alertar al 091 en la ciudad o a la Guardia Civil en las villas. Frente a la ausencia, la mejor técnica disuasoria es la simulación: dejar persianas a media altura, usar temporizadores de luz y nunca desconectar el timbre. Ante un robo consumado, si al regresar el propietario se encuentra con la puerta forzada o la cerradura manipulada, hay una regla inquebrantable: retroceder. Entrar movido por los nervios puede destruir pruebas fundamentales. El protocolo exige alejarse, llamar a los agentes y esperar a que aseguren la escena.
Robos en vehículos y delitos de oportunidad
El patrimonio no solo corre peligro de puertas para adentro. Durante estas semanas, el barrio de A Ponte se ha convertido en el epicentro de otra preocupante oleada delictiva: los robos con fuerza en el interior de vehículos estacionados. La fractura de ventanillas para sustraer cualquier objeto de valor a la vista, desde gafas hasta aparatos electrónicos, ha obligado a intensificar las patrullas en la zona.
Paralelamente, el verano es el caldo de cultivo ideal para los delitos de oportunidad. La multiplicación de fiestas patronales, mercados y zonas de compras llenas de turistas y locales supone un escenario idóneo para los carteristas. En las grandes aglomeraciones, los delincuentes aprovechan los descuidos para sustraer carteras y teléfonos móviles con gran habilidad, por lo que las autoridades recomiendan llevar las pertenencias en bolsillos delanteros y no perder de vista los bolsos en las terrazas.
Más allá de los delitos contra la propiedad, el balance de la criminalidad estival esconde una realidad aún más grave. Los registros de las unidades especializadas confirman que el verano está dejando también un repunte en los casos de violencia de género, una tendencia que los expertos asocian directamente con esta época del año.
Más tiempo compartido
Las vacaciones obligan a las parejas a compartir más tiempo de convivencia ininterrumpida. La ruptura de las rutinas laborales y personales, que a menudo actúan como una vía de escape en relaciones abusivas, sumada en ocasiones al incremento del consumo de tóxicos y a las tensiones propias de la planificación familiar, agrava las situaciones de control y dispara las agresiones. Desde las instituciones se recuerda que el entorno más cercano de las víctimas es fundamental para detectar estos casos y denunciar.
La colaboración de la comunidad es esencial para abordar estos problemas de seguridad. La vigilancia activa y la comunicación entre vecinos pueden contribuir significativamente a la reducción de delitos, creando un entorno más seguro para todos.

