agosto 18, 2026

El Dúplex se mantuvo firme hasta el final: la historia del último cine independiente que persistió en Ourense

El auge y la caída del cine en Ourense

Hubo un tiempo en el que Ourense vivía entre celuloide. Los cines Fraga, Losada, Alameda, Avenida, Xesteira o Dúplex formaban parte de la rutina de varias generaciones que llenaban sesiones dobles, matinales y estrenos de fin de semana. Hoy, muchos de aquellos locales han cambiado el olor de las palomitas por escaparates, tiendas o bajos vacíos. De algunos apenas queda el recuerdo de las colas en la calle y de las luces encendiéndose antes de empezar la película.

El profesor de Historia del Cine en la USC y experto en cine gallego Xosé Nogueira sitúa el inicio de la caída a finales de los años sesenta, cuando una “crisis mundial de espectadores” comenzó a afectar también a Galicia. Primero desaparecieron las salas rurales y después los grandes cines urbanos y de barrio. Muchas de aquellas salas acabaron convertidas en discotecas o adaptadas para otros usos en un momento en el que el vídeo doméstico, la televisión y más tarde las plataformas cambiaron por completo la forma de consumir cine.

La experiencia de Benito Álvarez

Pocos vivieron ese proceso tan de cerca como Benito Álvarez. Su cine, el Dúplex de la calle Sáenz Díez, fue el último independiente de la ciudad en cerrar, en 2007, después de 21 años de actividad. “Aguantamos todo lo que pudimos”, recuerda. Durante años, los Dúplex fueron además uno de los espacios ligados a los primeros pasos del festival de cine de Ourense. Benito Álvarez recuerda que su sala colaboró ya en aquellas primeras ediciones en las que la ciudad comenzaba a construir una importante tradición cinéfila que décadas después acabaría desembocando en el actual OUFF.

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Álvarez evoca una Ourense con los cines llenos, donde incluso las míticas sesiones de madrugada del Dúplex lograban reunir público los fines de semana. Sin embargo, explica que la llegada de las grandes cadenas vinculadas a los centros comerciales acabó dejando sin margen a las pequeñas empresas familiares. Según detalla, las distribuidoras comenzaron a reservar los grandes estrenos para esos circuitos nacionales y los pequeños exhibidores dejaron de recibir películas. “Cada vez nos cortaban más el suministro hasta que nos quedamos sin nada”, lamenta.

El legado del Dúplex

El cierre dejó también una huella personal. Benito Álvarez vendió los proyectores, las butacas y todo el equipamiento del Dúplex. El local se quedó vacío hasta el día de hoy y nunca volvió a abrir. Desde entonces, asegura que solo regresó una vez a una sala de cine. Fue para ver “Avatar” y descubrir cómo funcionaba el 3D.

El Dúplex resistió más tiempo que el resto porque el local era suyo y no tenía que afrontar un alquiler mensual. Aun así, el desgaste terminó imponiéndose. Álvarez reconoce que acabó “muy desilusionado” con el sector y completamente desconectado del negocio. Hoy sigue viendo películas, pero desde casa, entre plataformas y clásicos antiguos. El cine, dice, ya no se parece al que llenaba las salas de Ourense cualquier tarde de domingo.

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