La incorporación de profesores virtuales generados mediante inteligencia artificial (IA) ha comenzado a materializarse en diversas instituciones académicas de prestigio en Londres y Estados Unidos. Este avance tiene como objetivo enriquecer las experiencias de aprendizaje, aunque también plantea inquietudes en torno a la propiedad intelectual, el posible uso indebido de la identidad de los docentes y la fiabilidad de la información proporcionada por estas tecnologías.
Desde abril, Harvard Business School ha implementado HBS Foundry, un innovador programa en línea de ocho semanas diseñado para emprendedores y estudiantes de posgrado y doctorado. Este programa emplea avatares en video de siete profesores de la institución, permitiendo a los participantes simular situaciones empresariales, incluyendo presentaciones ante inversores y reuniones de directorio.
De acuerdo con un análisis, estos educadores virtuales, desarrollados con la tecnología de HeyGen, han sido incorporados en proyectos piloto en más de 100 universidades en Estados Unidos. Los impulsores de esta iniciativa sostienen que este enfoque formativo potencia las habilidades blandas de los estudiantes y facilita la aplicación de conocimientos teóricos adquiridos previamente.
La experiencia de los estudiantes
Katharina Rings, directora de HBS Foundry, ha compartido que los estudiantes que participan en este programa suelen presentarse a reuniones laborales con mayor confianza y argumentos más sólidos. Sin embargo, es importante señalar que estas afirmaciones se fundamentan únicamente en encuestas, y hasta ahora, Harvard no ha presentado estudios o datos estadísticos definitivos que respalden la efectividad de este método de aprendizaje.
Enrique Dans, profesor de innovación en IE University, ha reconocido que el programa ofrece una alternativa accesible y económica para expandir las oportunidades de educación. No obstante, ha expresado su preocupación, afirmando que “sin una evaluación independiente, solo contamos con una herramienta de marketing que se asemeja a un docente”.
Los detractores de esta tendencia también advierten sobre el riesgo de errores que la IA podría cometer, así como la posibilidad de que valide conceptos erróneos o proporcione información inexacta. Para mitigar estas situaciones, Harvard permite que los profesores revisen y ajusten las respuestas y el comportamiento de sus avatares, aunque la supervisión no es obligatoria y queda a discreción de cada educador.
La experiencia en otras instituciones
El caso de Harvard no es el único en este ámbito. En Imperial Business School, algunos profesores, como David Shrier, han comenzado a utilizar réplicas de IA para atender las consultas de sus alumnos. Shrier argumenta que esta decisión busca mantener el control sobre su identidad digital y mejorar la atención a sus estudiantes.
Sin embargo, esta práctica también suscita preocupaciones sobre el uso no autorizado de los conocimientos de los docentes y el riesgo de que los avatares reproduzcan afirmaciones desactualizadas o incorrectas. Los especialistas opinan que es solo cuestión de tiempo para que esta aplicación de la IA se expanda a otros sectores y niveles educativos.
Preocupaciones del profesorado
A medida que la IA se adentra en la educación, muchos docentes han expresado su oposición a su implementación sin un consenso claro y sin las garantías necesarias en las prácticas académicas. El año pasado, la Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios advirtió que “la adopción acrítica de la IA representa un riesgo para las profesiones académicas, dado el potencial aumento de la carga laboral y la pérdida de empleos, así como sus implicaciones sobre la propiedad intelectual y las condiciones laborales del profesorado.”
En la actualidad, no existen marcos regulatorios globales que aborden de manera específica el uso de la IA en entornos educativos, aunque algunos países están considerando restricciones. En este contexto, el debate persiste respecto a los beneficios y desventajas de integrar esta tecnología en la enseñanza. Mientras algunos académicos destacan sus aplicaciones positivas en diversos entornos universitarios, otros advierten que, sin la supervisión adecuada, la IA podría comprometer los derechos de estudiantes y docentes, afectar la propiedad intelectual y poner en peligro la autonomía académica.
