septiembre 9, 2026

Trump afirma que la Luna es de Estados Unidos: ¿Realidad o error?

Este domingo, el ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó su plataforma Truth Social para publicar una serie de contenidos generados por inteligencia artificial que variaban desde lo absurdo hasta lo provocador. Entre estos, se destacaba una sugerencia de renombrar el estado de Nuevo México como “Nueva América” y una propuesta para uniformes de la Fuerza Espacial que evocaban al Imperio Galáctico de Star Wars. Sin embargo, lo que más llamó la atención fue una imagen de la Luna con la frase “La Luna es nuestra”, adornada con un ícono de la bandera estadounidense. ¿Podría ser esto una broma? Es evidente que Estados Unidos no posee la Luna… ¿o sí?

Muchos de sus seguidores interpretan estas publicaciones como bromas provocativas que no deben tomarse demasiado en serio, argumentando que el ex presidente simplemente está “trolleando” a sus críticos en un intento de humor. Sin embargo, eventos recientes han demostrado que lo que podría parecer una broma tiene un trasfondo más serio. Desde su interés en anexar Groenlandia y renombrar el golfo de México, hasta sus constantes burlas hacia Canadá y su deseo de celebrar los 250 años de la nación con un evento de artes marciales mixtas, hay motivos para cuestionar si Trump realmente considera que la Luna debería ser un territorio estadounidense, como una especie de Puerto Rico espacial.

La realidad lunar

A pesar de la retórica, hay quienes en Estados Unidos creen que la Luna debería ser considerada parte de su territorio, dado que fueron los primeros en pisar su superficie. El histórico alunizaje de Neil Armstrong en 1969, cuando plantó la bandera estadounidense, fue un simbolismo potente en el marco de la Guerra Fría y la carrera espacial. Sin embargo, este acto fue solo eso: un símbolo. La realidad es que la Luna es considerada un “territorio de nadie”.

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El Artículo II del Tratado del Espacio Exterior de 1967 establece que el espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes, no está sujeto a apropiación nacional. Este tratado, firmado por Estados Unidos, la Unión Soviética y otros países, busca prevenir que la carrera espacial se convierta en una nueva forma de colonialismo, estableciendo que el espacio es “patrimonio de toda la humanidad” y debe ser utilizado en beneficio de todos los países, independientemente de su desarrollo científico o tecnológico. Por lo tanto, la afirmación de Trump sobre la propiedad de la Luna carece de fundamento legal.

La ambigüedad de los recursos lunares

A pesar de que el Tratado del Espacio Exterior prohíbe la apropiación territorial, no se pronuncia de manera explícita sobre la posibilidad de extraer y poseer recursos lunares. Esta ambigüedad ha dado lugar a interpretaciones diversas. En 2015, Estados Unidos aprobó la Ley de Competitividad para el Lanzamiento Espacial Comercial, que permite a sus ciudadanos y empresas poseer y comercializar recursos extraídos del espacio, argumentando que esto no implica reclamar soberanía sobre la Luna, sino sobre los materiales extraídos. Esta distinción, similar al derecho de pesca en aguas internacionales, ha generado un vacío legal que ha sido objeto de debate.

Además, Estados Unidos ha promovido los Acuerdos Artemisa, un marco no vinculante que establece normas para la extracción de recursos espaciales, aunque países como Rusia y China no han firmado, alegando que tales iniciativas podrían violar el espíritu del tratado original de 1967.

El futuro de la propiedad lunar

En teoría, Estados Unidos podría retirarse del Tratado del Espacio Exterior, como lo permite el Artículo XVI del mismo. Sin embargo, en la práctica, hacerlo sería complicado y podría acarrear consecuencias negativas en términos de reputación internacional y diplomacia. Esto es especialmente relevante, dado que Estados Unidos fue uno de los principales impulsores del tratado en un momento en que la Unión Soviética dominaba la carrera espacial. Romper este acuerdo podría debilitar la autoridad del país para exigir el cumplimiento de normas similares a otros estados, como China y Rusia.

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Asimismo, muchas disposiciones del tratado se consideran parte del derecho internacional consuetudinario, lo que significaría que retirarse no liberaría a Estados Unidos de todas sus obligaciones. Un retiro unilateral podría desatar una carrera espacial desregulada y peligrosa, incentivando reclamos territoriales por parte de otras naciones, lo que iría en contra de los intereses estratégicos de Estados Unidos a largo plazo. En este contexto, el futuro del programa Artemis y su éxito determinarán el rumbo que tomará Estados Unidos respecto a este tratado.

Un legado en la exploración lunar

A pesar de no poseer la Luna, Estados Unidos tiene el derecho de presumir su papel como el primer y único país en haber enviado humanos a su superficie, un hito que ha sido inmortalizado en múltiples formas de arte y entretenimiento. Además, ha liderado más proyectos de investigación en la Luna y está comprometido con la misión de enviar astronautas nuevamente, un paso crucial para futuras exploraciones a Marte. Aunque China muestra interés en estos objetivos, sus avances aún no se comparan con los de la NASA y sus socios comerciales.

En resumen, aunque no hay un título de propiedad sobre la Luna, la lógica de que “la casa es de quien la ocupa” podría dar razón a Trump en su afirmación sobre la Luna. Tal vez solo le gustaría darle un nuevo nombre.

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