
El observatorio espacial Swift ha estado en funcionamiento desde 2004, especializado en la detección de estallidos de rayos gamma (GRB), las explosiones electromagnéticas más poderosas del universo. Su misión inicial estaba programada para durar solo dos años, pero han transcurrido más de dos décadas y sigue investigando algunos de los fenómenos más violentos del cosmos. Sin embargo, ahora se encuentra ante el ocaso de su existencia.
Swift carece de un sistema de propulsión que le permita elevar significativamente su órbita. A pesar de estar situado a cientos de kilómetros sobre la superficie terrestre, aún hay partículas en la atmósfera que ejercen un leve pero constante arrastre sobre el satélite. Con cada órbita alrededor de la Tierra, pierde una pequeña cantidad de energía y, gradualmente, también altitud. Si este proceso continúa sin intervención para elevar su órbita, el satélite terminará reingresando a la atmósfera.
Desafíos en la órbita de Swift
La NASA era consciente de que Swift tenía un tiempo limitado en órbita. Algunos modelos habían pronosticado que el observatorio podría mantenerse en el espacio hasta la década de 2030. Sin embargo, el incremento de la actividad solar en 2024 alteró estas proyecciones. La energía solar calentó y expandió las capas superiores de la atmósfera, lo que incrementó el arrastre que experimenta el satélite y aceleró su descenso. Las nuevas estimaciones indicaron que su posible reentrada podría ocurrir antes de finales de 2026.
Ante el rápido deterioro de su órbita, la NASA decidió llevar a cabo una maniobra de rescate que parecía sacada de una película. El plan, aunque sencillo en teoría, resultó ser extremadamente complejo en su ejecución. Una misión robótica debía alcanzar a Swift, capturarlo con brazos mecánicos y utilizar sus propios propulsores para elevarlo a una órbita más segura, donde pudiera seguir operando. Para llevar a cabo esta tarea, la NASA colaboró con la empresa Katalyst Space Technologies y su nave LINK.
Problemas en la misión de rescate
LINK fue lanzada al espacio el 3 de julio de 2026. Sin embargo, durante su fase de puesta en servicio surgieron complicaciones. La nave experimentó fallas en su sistema de control de actitud, el cual es responsable de mantenerla orientada y estable en el espacio. Durante semanas, los ingenieros trabajaron arduamente para recuperar el control de la nave.
Este miércoles, la NASA anunció la cancelación del rescate. En un comunicado, Jared Isaacman, administrador de la agencia, explicó que la decisión se debió a los problemas persistentes con el control de la nave espacial. LINK ya no capturará a Swift ni elevará su órbita. La nave continuará acercándose al observatorio para realizar demostraciones de encuentro, navegación y operaciones de proximidad. La agencia espera que esta experiencia proporcione información valiosa para futuras misiones destinadas a reparar, trasladar o extender la vida útil de satélites en órbita.
