Alfonso, un hombre de 32 años, afirma que se encuentra en una posición financiera estable, aunque considera que no está listo para asumir la paternidad. Si bien la economía es un aspecto crucial en su decisión, también reflexiona sobre las responsabilidades que conlleva ser padre. “No quiero idealizar la idea de tener un hijo sin estar verdaderamente preparado, no solo en términos económicos, sino en varios otros aspectos de la paternidad”, comparte en una entrevista.
Por su parte, Karen Hernández, de 27 años, ha tomado la decisión de no ser madre desde los 19. Ella elige enfocar su tiempo y energía en su propio desarrollo y en las personas que la rodean. Además, cuestiona la carga desproporcionada que enfrentan las mujeres en el ámbito del cuidado infantil, especialmente en un contexto donde persisten problemas como la brecha salarial y la violencia de género. “A medida que crezco, refuerzo aún más mi decisión”, afirma.
Las elecciones de Alfonso y Karen provienen de perspectivas diferentes, pero ambas reflejan un cambio significativo en la sociedad, evidenciado por las recientes estadísticas nacionales. La Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revela que la tasa global de fecundidad en México ha disminuido de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024. Esta cifra representa un promedio que estima el número de hijos que una mujer tendría a lo largo de su vida reproductiva.
La rapidez de la transformación demográfica
Óscar Vela, profesor de Economía en el Tecnológico de Monterrey, destaca que uno de los aspectos más singulares de México es la velocidad a la que se ha producido esta disminución en la fecundidad. “Lo que resulta más notable en el contexto mexicano y en Latinoamérica en general es la rapidez con la que ha caído esta tasa”, explica. En comparación, otros países han experimentado transformaciones similares a lo largo de una o dos décadas.
Comprender las razones detrás de esta caída en la fecundidad en México requiere un análisis multifacético. Expertos en economía, demografía y otras áreas están investigando diversas causas, que incluyen el costo de la vivienda, la educación, las condiciones laborales, las relaciones de pareja y los cambios culturales relacionados con la maternidad y la paternidad. “No hay una sola solución o causa que se acepte de manera unánime entre los investigadores. Existen múltiples factores que pueden contribuir a esta tendencia, y su relevancia varía según el país”, señala Vela.
El Estado de la Población Mundial 2025 del Fondo de Población de las Naciones Unidas revela que el 21% de las personas encuestadas en México no puede tener el número de hijos que desean, citando dificultades económicas como la barrera más mencionada. Además, se suman factores como la inseguridad laboral, el alto costo de la vivienda, problemas de salud y la incertidumbre global, así como la dificultad para encontrar una pareja adecuada.
Impacto de la educación y la desigualdad en el cuidado
La educación se ha convertido en uno de los factores más estudiados en relación con la fecundidad. Según los datos del INEGI, existe una clara correlación entre el nivel educativo y el número de hijos. En 2025, las mujeres sin escolaridad tenían, en promedio, 4.9 hijos, mientras que aquellas con educación media superior o superior solo tuvieron 1.2. Esta diferencia está conectada con las oportunidades que se presentan fuera del hogar.
Vela añade que el acceso más igualitario al mercado laboral para las mujeres ha hecho que la decisión de tener más hijos compita con el desarrollo profesional de estas. Sin embargo, esta posibilidad se ve afectada por la desigual distribución de las responsabilidades del hogar. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 resalta que las mujeres dedican un promedio de 39.7 horas semanales al trabajo no remunerado, mientras que los hombres solo invierten 18.2 horas en estas actividades.
Investigadores del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) describen esta carga como una “avalancha de cuidados”, donde las tareas asociadas a la crianza suelen recaer desproporcionadamente sobre las mujeres, lo que genera tensiones con otras áreas de su vida.
Nuevas expectativas sobre la crianza
El costo de criar hijos va más allá de lo básico, como la alimentación y la educación. Vela argumenta que algunos de estos gastos pueden ser más asequibles hoy en comparación con décadas anteriores, pero las expectativas sobre lo que significa criar bien han evolucionado. “Cuando se considera la calidad de la crianza, no se trata solo de satisfacer necesidades básicas, sino de proporcionar nutrientes adecuados, educación de calidad y otras inversiones que elevan significativamente los costos”, explica.
La OCDE ha observado que las expectativas sobre la crianza han aumentado, especialmente entre los padres con mayor nivel educativo, lo que implica que se requiere más tiempo y recursos para cumplir con estas nuevas demandas. Esta situación adquiere mayor relevancia dado que las responsabilidades de cuidado siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres.
Un fenómeno regional en América Latina
La disminución de la fecundidad no es un fenómeno exclusivo de México; es parte de un patrón más amplio en América Latina. El Observatorio Demográfico 2025 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indica que la región ha pasado de un promedio de 5.8 hijos por mujer en 1950 a 1.8 en 2024. Vela explica que una tasa de aproximadamente 2.1 hijos por mujer es necesaria para mantener estable la población a largo plazo, y la región ya se encuentra por debajo de ese umbral.
La comparación con otras economías subraya la velocidad de este cambio. En España, por ejemplo, la tasa de fecundidad pasó de cerca de 1.9 a 1.2 en poco más de una década, mientras que Corea del Sur tardó cerca de 20 años en alcanzar una caída similar. La tendencia de bajas tasas de fecundidad, que antes se asociaba con países de altos ingresos y poblaciones envejecidas, ahora se está expandiendo a América Latina.
Implicaciones políticas y sociales
A medida que emergen nuevos datos sobre la tasa de fecundidad, surgen interrogantes dentro del gobierno mexicano. La presidenta Claudia Sheinbaum ha expresado la necesidad de entender mejor las razones detrás de la decisión de los jóvenes de tener menos hijos. En Argentina, el presidente Javier Milei ha vinculado esta caída a movimientos feministas, sugiriendo que una población más pequeña podría impactar negativamente el crecimiento económico y el sistema de pensiones.
Desde GIRE, se sostiene que centrar la culpa en el feminismo simplifica un fenómeno complejo y pasa por alto la responsabilidad del Estado en proporcionar un entorno adecuado para la crianza. Vela también advierte sobre la necesidad de ser cautelosos ante las respuestas políticas. Hace años, muchos países implementaron políticas para frenar el crecimiento poblacional; ahora, con la tendencia inversa, un enfoque sin un análisis profundo podría ser contraproducente.
Proyecciones demográficas y sus consecuencias
La disminución en la fecundidad no implica una reducción inmediata de la población, pero sí transforma lentamente su estructura. A medida que nacen generaciones más pequeñas y la esperanza de vida aumenta, el número de adultos mayores crecerá. La Encuesta Intercensal del INEGI muestra que entre 2020 y 2025, la edad media de la población mexicana pasó de 29 a 32 años.
Las proyecciones de la ONU sugieren que en los próximos 25 años, la proporción de personas de 65 años o más podría aumentar a 26 por cada 100 personas de entre 15 y 64 años. Esto generará una mayor demanda de pensiones y servicios de salud. Sin embargo, la capacidad de respuesta dependerá de la productividad de la fuerza laboral. “El nivel de productividad de un país es crucial para enfrentar los cambios demográficos”, concluye Vela.
Además, la salud y el bienestar de las personas mayores dependerán de la prevención de enfermedades, la mejora de la nutrición y el fomento de la actividad física. La creciente población de adultos mayores también requerirá nuevos servicios de atención y tecnología adaptada, dando paso a lo que se conoce como “economía plateada”. Vela sostiene que esta transformación no solo representa un desafío, sino también oportunidades significativas para el país.
Incluso si México logra aumentar la tasa de nacimientos en los próximos años, los efectos no se sentirán de inmediato, ya que las nuevas generaciones tardarán aproximadamente 20 años en integrarse al mercado laboral. Por lo tanto, es crucial que el país comprenda los cambios demográficos actuales y ajuste sus políticas para adaptarse mejor a la nueva realidad.
