julio 27, 2026

Seis científicas indígenas que integran el conocimiento ancestral en la academia

La naturaleza ha sido su laboratorio, las abuelas sus maestras, las plantas medicinales sus herramientas, y la flora y fauna de su entorno sus objetos de estudio. En su infancia, no conocían la bata blanca ni el microscopio, pero la observación de aves, los baños en el río y los relatos de sus comunidades las prepararon para ingresar a la universidad y convertirse en las primeras científicas de sus familias y, en muchos casos, de sus comunidades.

“Siempre tenía preguntas sobre todo lo que mis abuelos me contaban. ¿Por qué el río crece? ¿Por qué el pez respira en el agua? ¿Por qué las aves vuelan? Quería encontrar respuestas y por eso decidí ser bióloga”, relata Avita Taricuarima, científica del pueblo indígena kukama, de Perú.

Un camino inesperado hacia la ciencia

La niña que caminaba más de 10 kilómetros diarios por la selva amazónica para asistir a la escuela jamás imaginó que a los 32 años ya habría publicado un artículo científico, estaría a punto de graduarse en biología y sería parte de la lista de The Explorers Club, que reconoce a los 50 mejores investigadores del mundo.

Yarina Tapuy tampoco habría imaginado que a esa misma edad ya habría descrito 14 especies nuevas de insectos, ni Alejandra Nohora Quiguantar que llegaría a formar parte del Panel Científico por la Amazonía. Si a la pequeña Marisel Mamani le hubieran dicho que en su adultez viajaría a Suecia para realizar un doctorado, a Paola Moreno-Roman que estudiaría en la Universidad de Stanford, o a Rosa Marina Flores Cruz que utilizaría la ciencia para combatir las amenazas a su pueblo, no lo habrían creído.

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Desafíos en un campo dominado por hombres

Todas ellas son científicas de diversos pueblos y nacionalidades indígenas de Bolivia, Colombia, Ecuador, México y Perú que, gracias a sus descubrimientos, no solo han contribuido a la biología, sino que han demostrado que los conocimientos ancestrales son una parte esencial de la ciencia.

Sin embargo, uno de sus principales desafíos ha sido abrirse camino en un campo históricamente dominado por hombres. Según datos de la UNESCO, solo una de cada tres científicos en el mundo es mujer. “Ya existe una baja representación de mujeres en la investigación científica a nivel global, pero cuando se busca la participación de mujeres indígenas en ciencias, no hay un mapeo de esa situación, no hay cifras”, explica Janeth Bonilla, vicepresidenta de la fundación Kichwa Institute of Sciences, Technology and Humanities (Kisth), que apoya y visibiliza el trabajo de las científicas de pueblos y nacionalidades indígenas de Ecuador.

Lo que señala Bonilla es otro de los retos que enfrentan estas investigadoras: su invisibilidad en las estadísticas. A esto se suman la falta de recursos económicos, los prejuicios y la discriminación dentro de la academia, así como la necesidad de visibilizar no solo su trabajo, sino cómo la ciencia también se construye en los territorios.

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