
Un total de 29,748 especies de plantas y 411 especies de hongos están catalogadas en peligro de extinción. Esta cifra genera preocupación entre los científicos, ya que la mayoría de las especies amenazadas son desconocidas y solo una pequeña parte ha sido evaluada formalmente por expertos. Sin embargo, existen herramientas digitales que se convierten en aliadas para mitigar esta crisis de biodiversidad en el planeta.
Estos datos provienen del sexto informe sobre el ‘Estado de las plantas y los hongos del mundo’, elaborado por la organización Kew Gardens del Reino Unido, en colaboración con más de 400 científicos de 40 países. En este trabajo participaron investigadores del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y de la Universidad de Concepción de Chile. El informe también examina cómo la inteligencia artificial, la digitalización de colecciones biológicas y el intercambio global de datos pueden transformar la investigación sobre biodiversidad y las estrategias de conservación.
La magnitud del problema
Los investigadores enfatizan que las cifras sobre especies amenazadas apenas reflejan una parte del problema. Solo el 18% de las especies vegetales conocidas por la ciencia han sido evaluadas formalmente para determinar su riesgo de extinción y, en el caso de los hongos, esta proporción desciende hasta apenas el 0.6%.
Además, casi 1,000 especies de plantas han sido declaradas oficialmente extintas, aunque los autores del informe consideran probable que muchas más hayan desaparecido sin haber sido documentadas previamente.
El papel de la digitalización
Ricardo Segovia, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) de Chile y del Programa BIODATA, destacó que en el capítulo chileno se resalta la integración de más de 120,000 registros digitalizados de plantas provenientes de herbarios del país, que representan más de 3,900 especies, permitiendo construir un inventario estandarizado de la biodiversidad chilena.
“El informe subraya que las herramientas digitales son esenciales para enfrentar la crisis de biodiversidad, ya que facilitan la investigación, el monitoreo y la toma de decisiones para la conservación”, afirmó Segovia, quien añadió que “la integración estandarizada de datos permite tener una visión mucho más clara de la biodiversidad en un territorio y asegurar que todos hablamos de lo mismo cuando nos referimos a la magnitud de la crisis de la biodiversidad”.
El investigador también mencionó que la digitalización de colecciones biológicas es un proceso dinámico que sigue creciendo gracias al esfuerzo coordinado de diversas instituciones. “Cada nuevo registro digitalizado mejora nuestro conocimiento sobre la biodiversidad, su distribución y los cambios que experimentan los ecosistemas, proporcionando información crucial para abordar la crisis de biodiversidad”, concluyó.
Redescubrimientos sorprendentes
Según el informe, en ocasiones se redescubren especies que habían sido declaradas extintas. Un ejemplo es el azafrán azul chileno (Tecophilaea cyanocrocus), que fue encontrado en 2001 cerca de Santiago de Chile, tras décadas sin ser avistado. “Dado que resulta complicado determinar con certeza si una planta está extinta o no, los científicos recurren cada vez más a datos digitalizados de especímenes y a otras fuentes de información para modelar la probabilidad de que las especies ya no existan en estado silvestre, lo que ofrece una imagen más precisa de la pérdida de biodiversidad”, indica el informe.

