julio 28, 2026

La distribución de la grasa corporal impacta directamente en la salud del cerebro según un estudio

La obesidad y el sobrepeso han sido históricamente asociados con un mayor riesgo de demencia y envejecimiento cerebral. Recientemente, una nueva investigación indica que esta relación no se basa únicamente en la cantidad de grasa que una persona acumula, sino también, y quizás de manera más significativa, en las áreas del cuerpo donde se concentra dicha grasa.

Un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Hong Kong (PolyU) llevó a cabo el primer estudio multimodal a gran escala para examinar de forma sistemática cómo la acumulación de grasa en diferentes partes del cuerpo se relaciona con la estructura cerebral, la conectividad funcional y diversas capacidades cognitivas.

Este estudio se fundamentó en datos clínicos de más de 18,000 personas que se encuentran en el Biobanco del Reino Unido. Los investigadores no solo analizaron los registros generales del índice de masa corporal (IMC), sino que también aplicaron una técnica de imagen conocida como absorciometría de rayos X de doble energía, que permite medir con precisión la cantidad de grasa en el cuerpo y su distribución en diferentes regiones.

Con este método, los autores cuantificaron la grasa en brazos, piernas y tronco, además de estimar la cantidad de grasa visceral, que es la que rodea a los órganos internos.


Paralelamente, se analizó la estructura cerebral, la conectividad funcional y la integridad de la sustancia blanca mediante diferentes tipos de resonancia magnética, con el objetivo de obtener una visión más completa del estado cerebral de cada participante.

Esta información se complementó con una serie de pruebas para evaluar el desempeño cognitivo, que incluyeron razonamiento, velocidad de procesamiento de información y memoria, así como funciones ejecutivas, que abarcan la capacidad de planificar, tomar decisiones y resolver problemas complejos.

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Impacto de la distribución de grasa en el cerebro

Los resultados, publicados en la revista Nature Mental Health, revelaron que la distribución de la grasa corporal influye de manera clara y significativa en el funcionamiento cerebral. En términos generales, el estudio confirmó que la grasa acumulada en brazos, piernas, tronco y región visceral se asoció con cambios diferenciados en la estructura y el funcionamiento cerebral, afectando el sistema sensoriomotor, que es responsable del movimiento y la percepción; el sistema límbico, que se relaciona con las emociones y la memoria; la red por defecto, involucrada en procesos como la memoria autobiográfica y el pensamiento interno; así como un conjunto de estructuras profundas que incluye regiones subcorticales, el cerebelo y el tronco encefálico.

No obstante, estos cambios no fueron uniformes. “La grasa en diferentes partes del cuerpo genera trayectorias de cambio cerebral completamente distintas, que no pueden detectarse únicamente con el peso corporal o el IMC. Nuestro modelo analítico demuestra claramente cómo la grasa en diferentes regiones causa daños diferenciales en los sistemas cerebrales”, explicó Anqi Qiu, catedrática de neuroinformática del Departamento de Tecnología e Informática de la Salud de la PolyU.

Relaciones específicas entre grasa y conectividad cerebral

La grasa acumulada en brazos, piernas y tronco se relacionó principalmente con una reducción del volumen y del grosor de regiones pertenecientes a la red por defecto, que está vinculada con la memoria y el pensamiento complejo, así como del sistema límbico, que regula las emociones y participa en la formación de recuerdos.

Además, la grasa localizada en estas áreas mostró asociaciones específicas con la conectividad funcional. La grasa acumulada en los brazos presentó una mayor relación con la corteza sensoriomotora; la de las piernas mostró un vínculo más estrecho con el sistema límbico; mientras que la del tronco exhibió un patrón intermedio entre ambas.

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