
Una cabeza surge del océano. Al romperse la tensión superficial del agua en el estrecho de Corea y al entrar en contacto con el aire, se escucha un silbido sutil pero profundo. Un respiro rápido, eficiente, entrenado y marino, que podría confundirse fácilmente con el llamado de una gaviota.
Las Haenyeo, las mujeres buceadoras de la isla de Jeju en Corea del Sur, realizan alrededor de 80 inmersiones libres al día. Desde la adolescencia hasta los 80 años —o más—, han estado practicando esta tradición durante siglos. Al bucear, sus pulmones se contraen, y al emerger a la superficie —gracias a su constante entrenamiento—, logran exhalar todo el aire en un solo instante, creando un pequeño vacío en sus pulmones que atrae rápidamente el aire necesario para respirar. Este intercambio de gases produce un silbido similar al de un animal marino: el sumbisori.
El sumbisori es solo una de las adaptaciones que las Haenyeo —pronunciado como “genio” y que significa “mujeres del mar”— han desarrollado a lo largo de generaciones de zambullidas en el océano. Sin embargo, no todas las adaptaciones son fruto de su entrenamiento. Han enfrentado, a través de un sistema de cooperativas, diversas imposiciones tanto coreanas como japonesas sobre los productos que comercializan. Han aprendido a respetar los ciclos del mar y a no sobreexplotar el entorno del que dependen. Su práctica ha sido tan constante que se ha convertido en parte de su esencia.
Investigadoras de la Universidad de California en Los Ángeles y la Universidad de Utah han analizado el ADN de las Haenyeo y han descubierto adaptaciones genéticas que les permiten ser mejores buceadoras. Pero antes, es importante conocer un poco de su historia.
La isla que mantuvo su identidad
Determinar el origen exacto de la práctica del buceo libre en Corea es complicado, pero existen diversas pistas. Desde el año 434 de nuestra era, hay registros en el reino de Silla —uno de los tres reinos que conforman lo que hoy es Corea— que indican que ya se extraían perlas de la isla Jeju, conocida en ese tiempo como Tam-La, una nación independiente. Jeju ganó notoriedad a través de fronteras gracias a la calidad de sus perlas, tanto que en el siglo XIII, un rey de China envió a sus súbditos a recolectar perlas de Jeju para enriquecer su tesoro.
En el siglo XV, se documentó en la “Historia de la dinastía Lee” que un grupo de hombres migró de Jeju hacia la parte continental de Corea, dedicándose a la venta de abulones, que probablemente eran extraídos del fondo marino por sus esposas que los acompañaron. Para el siglo XVII, se comenzó a distinguir entre géneros en la práctica del buceo, siendo la primera aparición registrada de la palabra Jam-Nyo (mujer buceadora). En la monografía titulada “Geografía de la isla de Jeju”, se describe a las Jam-Nyo como: “Mujeres desnudas que se dedican al buceo en primavera y verano para cosechar algas marinas y abulones, aunque la mayoría de su producción es retenida por oficiales del gobierno, quienes les permiten vender solo una pequeña parte de su cosecha para su sustento. Además, estas mujeres trabajan junto a hombres sin sentir deshonra alguna”.
