octubre 4, 2026

Claude descubre un posible nuevo pariente de CRISPR en tiempo récord de 24 horas

El 23 de septiembre, Anthropic anunció un significativo avance en su investigación con el modelo de lenguaje Claude, que ha logrado identificar un sistema enzimático con características que recuerdan a las de CRISPR, la reconocida herramienta de edición genética que ha sido galardonada con el Premio Nobel. En este proceso, alrededor de 950 agentes de Claude trabajaron simultáneamente, logrando detectar secuencias genéticas relevantes en un tiempo récord de 21.5 horas.

Fyodor Urnov, un renombrado experto en edición genética de la Universidad de California en Berkeley y director de I+D en el Instituto de Genómica Innovadora (IGI), expresó su admiración por el descubrimiento de Anthropic, aunque es relevante señalar que el IGI ha colaborado con la empresa pero no ha estado involucrado en este hallazgo específico. Por otro lado, algunos científicos tienen una perspectiva más cautelosa respecto a este descubrimiento, que marca el inicio de una serie de investigaciones desarrolladas por Anthropic este año. Le Cong, profesor en la Universidad de Stanford, enfatiza que los experimentos están aún en progreso a pesar de la publicación del comunicado de prensa.

Nuevas fronteras en la investigación biológica

Anthropic ha aclarado que este descubrimiento no representa el final de su trabajo, sino el comienzo de una exploración más profunda. «Aún no comprendemos completamente la función de este sistema, pero solo un pequeño número de sistemas conocidos poseen sus características, y todos ellos son capaces de cortar, copiar y pegar ADN», indicó la empresa en una publicación en la plataforma X. Se ha presentado un experimento físico en un informe técnico que aún no ha pasado por el proceso de revisión por pares, lo que resalta la necesidad de más investigación para validar la relevancia de este hallazgo. La capacidad de este sistema enzimático para ser utilizado como herramienta de edición genética sigue siendo incierta.

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Cong ilustra la situación de manera elocuente: «Imaginemos que estamos en la playa de Santa Mónica y buscamos un diamante entre la arena. La IA ha identificado un objeto brillante, pero luego debemos regresar al laboratorio para determinar si se trata de un cristal o realmente un diamante». Este descubrimiento se produjo tras una solicitud de los investigadores de Anthropic para que Claude explorara amplias bases de datos genómicas en busca de «nuevos ejemplos interesantes» de transcriptasas inversas, proteínas que cumplen la función inversa de copiar ARN en ADN, algo que no ocurre de manera habitual en nuestras células.

El sistema ART y sus implicaciones

Desde su análisis inicial, los agentes de Claude identificaron más de 200,000 posibles transcriptasas inversas, reduciendo posteriormente la lista a miles de candidatos que parecían ser novedosos. Finalmente, fueron capaces de filtrar hasta encontrar una familia «inusual» de estas proteínas, asociada a una extensa región de secuencias de ADN repetidas que evocan a CRISPR. Anthropic ha denominado a este sistema como ART, acrónimo que significa transcriptasas inversas asociadas a matrices. Este sistema se encuentra en fagos gigantes, virus que infectan bacterias.

Un agente de IA observó la presencia de una matriz de repeticiones en tándem y se preguntó si esto podría ser análogo a una matriz de repeticiones similar a CRISPR. Este sistema también podría ser considerado un retrón, como se menciona en el informe técnico. Tanto CRISPR como los retrones son parte de las defensas bacterianas, aunque operan de maneras diferentes. Aunque es posible utilizar retrones para la edición genética, su versatilidad es inferior a la de CRISPR, lo que explica que Anthropic haya destacado principalmente la comparación con esta herramienta en su publicación.

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Perspectivas y cautelas en el avance científico

Seth Shipman, investigador asociado en los Institutos Gladstone, subraya que, aunque lo que Anthropic ha encontrado no puede ser considerado un nuevo sistema CRISPR, el hallazgo es, sin duda, interesante. «Lo destacable es el método utilizado para el descubrimiento, más que el propio descubrimiento en sí», comentó. Su laboratorio ha empleado retrones para desarrollar sistemas de edición genética, lo que abre la posibilidad de que los retrones identificados por Claude se utilicen en este contexto.

El proceso de identificación de nuevas transcriptasas inversas suele requerir meses de búsqueda manual en bases de datos genómicas, por lo que Shipman destaca la rapidez con la que Anthropic logró realizarlo. Sin embargo, advierte que no se debe atribuir completamente el descubrimiento a la inteligencia artificial, ya que los científicos han desempeñado un papel fundamental en el estudio. De hecho, esta misma transcriptasa inversa ya había sido identificada anteriormente por Jason Gill, microbiólogo de la Universidad de Texas A&M, en un artículo publicado en 2021 sobre fagos gigantes.

La comunidad científica ante un nuevo paradigma

A pesar de la emoción que genera el avance de Anthropic, la comunidad científica enfrenta un reto en la evaluación de la información con la que se ha entrenado este modelo, lo que añade un nivel de opacidad en un momento en que se exige una mayor transparencia en la investigación. Esto ha llevado a algunos investigadores a sospechar que el modelo podría haberse alimentado de datos no publicados de sus propios trabajos. Aunque Claude pudiera identificar un avance significativo en la edición genética, la validación de cualquier hipótesis aún dependería de la verificación en laboratorio por parte de científicos humanos.

En una publicación en X, Dario Amodei, CEO de Anthropic, sugirió que, en un futuro, podría ser posible que Claude realizara experimentos de manera autónoma. Sin embargo, enfatizó que esto sería un escenario distante y que plantea importantes cuestiones sobre la seguridad y supervisión del trabajo en laboratorio. Actualmente, los laboratorios de Anthropic operan con los niveles más bajos de bioseguridad, lo que garantiza que no están manejando elementos que representen un riesgo significativo para los humanos.

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Reflexiones finales sobre el futuro de la ciencia

La historia del descubrimiento de CRISPR es un recordatorio del largo camino que puede recorrer la ciencia. Han pasado 25 años desde que se identificaron por primera vez las secuencias CRISPR en bacterias en 1987 hasta que Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier demostraron en 2012 que podían ser utilizadas como una herramienta programable para cortar ADN. Aunque CRISPR se ha integrado profundamente en la investigación y se encuentra en múltiples ensayos clínicos, solo un medicamento que utiliza esta tecnología ha sido aprobado hasta la fecha, lo que subraya los obstáculos que aún existen para transformar descubrimientos científicos prometedores en tratamientos efectivos.

Los límites del hallazgo de Anthropic también plantean preguntas más amplias sobre el papel de la inteligencia artificial en la investigación biológica. La verdadera revolución de CRISPR radicó en la identificación de un sistema biológico desconocido hasta entonces. Aún queda por ver si un modelo de inteligencia artificial puede encontrar algo útil sin tener una guía clara sobre lo que está buscando. «Si tuvieras una IA entrenada únicamente con conocimientos previos al descubrimiento de CRISPR y, aun así, fuera capaz de descubrirlo, ese sería un escenario mucho más adecuado para poner a prueba a un científico de IA», concluye Cong.

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