agosto 4, 2026

Vecinos de Alejandro Pedrosa en Ourense cansados de ruidos y altercados

La indignación de los vecinos en el barrio de O Vinteún ha alcanzado un punto crítico. Los residentes expresan su malestar por las noches en vela que deben soportar debido a constantes altercados, gritos y problemas de convivencia causados por un grupo de okupas que se han instalado en inmuebles de la zona.

El epicentro del conflicto se localiza en la calle Alejandro Pedrosa, específicamente en los números 17 y 19, así como en la confluencia con el río Bibei. Según relatan los propios vecinos, cuando cae la noche comienza su calvario, especialmente a partir de la medianoche, lo que dificulta enormemente su descanso estival, obligándolos a mantener las ventanas cerradas a pesar del calor.

La respuesta de las autoridades

Comienzan todos los días alrededor de la 1 de la mañana”, explica una de las vecinas afectadas. Las llamadas a la Policía Nacional son constantes, pero la respuesta se encuentra limitada por los marcos legales. “La policía llega, dice que no puede hacer nada y los vecinos seguimos sin dormir”, comentan.

Esta semana, los residentes denunciaron una pelea “tremenda” a las dos de la mañana, que requirió la intervención de una ambulancia debido a que una joven sufrió un corte en el brazo.

Un problema persistente

El conflicto no es un caso aislado, sino el último capítulo de un problema recurrente. En el barrio se cree que los actuales ocupantes de estos inmuebles son los mismos que, hasta hace poco, residían de manera ilegal en un edificio de la rúa Vicente Risco. Este asentamiento terminó abruptamente tras un grave incendio en la vivienda, que en su momento despertó sospechas de haber sido provocado.

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Tras la pérdida de aquel inmueble, el grupo comenzó un periplo por distintas propiedades vacías de la zona, utilizando casas abandonadas tanto en Alejandro Pedrosa como en la avenida de Santiago. Como ya habían advertido asociaciones vecinales como la de Ponte Canedo, el problema no se ha resuelto, sino que simplemente se ha trasladado de una calle a otra. A su paso, los residentes han denunciado problemas recurrentes, desde sospechas de menudeo de drogas hasta destrozos en propiedades y robo de cableado en bloques cercanos.

Cabe recordar que la conflictividad de este grupo ya había generado una fuerte alarma social durante la pasada ola de calor. Semanas atrás, estos individuos protagonizaron un alarmante episodio al dejar a dos perros atados y abandonados al sol en unas escaleras, con temperaturas que rondaban los 40 grados.

Ante la imposibilidad de que los servicios de protección de la naturaleza intervinieran de urgencia aquel fin de semana, fue la propia solidaridad ciudadana la que evitó una tragedia. Los vecinos se organizaron para llevar agua a los animales, una situación que ya entonces avivó el sentimiento de profunda desprotección institucional en la zona tras varias llamadas infructuosas a las autoridades.

La consolidación de este asentamiento en Alejandro Pedrosa confirma los temores de los sindicatos policiales, que ya habían alertado de que estas ocupaciones acaban derivando en un problema social crónico. De fondo, subyace la problemática del estado del parque inmobiliario. Desde el sector de la propiedad se ha reclamado en repetidas ocasiones la necesidad de impulsar planes municipales para controlar, conservar o demoler edificios en estado de ruina. Mientras esos inmuebles sigan abandonados por sus dueños y con accesos vulnerables, seguirán siendo el escenario de un conflicto que mantiene a los vecinos de Alejandro Pedrosa sin poder pegar ojo.

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