julio 27, 2026

Bajo tus pies se extiende una red de hongos que equivale a mil millones de viajes de la Tierra al Sol

Bajo la superficie terrestre se extiende una asombrosa red subterránea de hongos que alcanza proporciones casi inimaginables. Este hallazgo fue realizado por un equipo de investigación internacional que ha creado un mapa global de esta vasta red micorrícica, el sistema de filamentos fúngicos que interactúan mediante un intercambio recíproco con las plantas que habitan nuestro planeta.

Se estima que esta red tiene una longitud total de aproximadamente 110 billones de kilómetros, lo que equivale a casi mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol. Los detalles del nuevo estudio fueron publicados en la revista Science.

La importancia de los hongos micorrícicos

Los hongos micorrícicos arbusculares, conocidos como HMA, forman redes subterráneas que son fundamentales para la vida vegetal y contribuyen a la regulación del clima de la Tierra. A través de filamentos extremadamente delgados llamados hifas, los hongos establecen relaciones simbióticas con las raíces de las plantas, proporcionándoles agua y nutrientes a cambio del carbono producido por la fotosíntesis. Este fenómeno es de vital importancia, ya que se estima que alrededor del 70% de las especies vegetales de nuestro planeta dependen de esta simbiosis micorrícica para su supervivencia.

A pesar de que un estudio publicado en Nature el año pasado analizó los patrones de diversidad de las comunidades de hongos micorrícicos subterráneos, hasta ahora no se tenía una comprensión clara de la densidad y distribución global de esta red subterránea de hongos.

Un mapa global de la red subterránea

Para elaborar el primer mapa global de esta inmensa red oculta, los investigadores del nuevo estudio recopilaron datos de 322 estudios y 16,000 muestras de suelo tomadas de diversos ecosistemas terrestres. Mediante técnicas de aprendizaje automático y sistemas de imágenes avanzados, el equipo estimó tanto la extensión como la biomasa de las redes subterráneas.

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«Con el avance de nuevas tecnologías en imágenes de alta resolución, aprendizaje automático y robótica, estamos comenzando a desentrañar lo que ha permanecido oculto bajo nuestros pies durante tanto tiempo. Estamos descubriendo cómo las complejas estructuras de hongos que forman redes transportan nutrientes y ayudan a regular el clima», comentó uno de los investigadores.

La magnitud de la red fúngica

Los resultados del estudio revelaron que esta red subterránea de hongos tiene una longitud total de aproximadamente 110 billones de kilómetros. Además, su biomasa equivale a 300 megatones de carbono, lo que representa entre cuatro y seis veces la masa de todos los seres humanos vivos. Se estima que transporta aproximadamente 4 mil millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente al suelo cada año, lo que constituye el 11% de todas las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono. «Es difícil subestimar la importancia y la extensión de estos hongos. En un pequeño trozo de tierra, se pueden encontrar hasta 10 metros de red micorrícica», afirmó uno de los autores del estudio.

Según el análisis, la densidad de la red fúngica subterránea en suelos cultivados es aproximadamente la mitad de la que se encuentra en los ecosistemas naturales. Sin embargo, aunque los pastizales contienen el 40% de la biomasa mundial de micorrizas arbusculares, son considerados uno de los ecosistemas menos protegidos del planeta y están siendo transformados en tierras agrícolas a un ritmo cuatro veces mayor que los bosques.

Por lo tanto, los científicos advierten que las redes menos densas podrían disminuir la capacidad del suelo para almacenar carbono y reciclar nutrientes. «Los hongos micorrícicos han moldeado la vida en la Tierra durante cientos de millones de años, pero aún sabemos muy poco sobre cómo se distribuye la infraestructura de estos sistemas de transporte vivientes en el planeta», señalaron los investigadores.

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Este estudio representa un avance significativo en la comprensión de cómo funciona este sistema circulatorio planetario y sugiere formas en que podemos colaborar mejor con los hongos para enfrentar muchos de los desafíos emergentes de nuestro tiempo, desde la seguridad alimentaria hasta el cambio climático.

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