julio 27, 2026

¿Está perdiendo terreno el gallego?

Galicia rural

El gallego atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Aunque continúa siendo una de las principales señas de identidad cultural de Galicia y la mayoría de la población lo entiende y puede hablarlo, los datos más recientes muestran un descenso sostenido en su uso cotidiano, especialmente entre los jóvenes y en los entornos urbanos.

La pregunta ya no es únicamente si el gallego pierde hablantes, sino también en qué espacios sociales está dejando de ser una lengua habitual y qué consecuencias puede tener este cambio para el futuro lingüístico de Galicia.

Según la última Encuesta Estructural a Hogares sobre conocimiento y uso del gallego, publicada por el Instituto Galego de Estatística (IGE) con datos de 2023, el castellano se ha convertido por primera vez en la lengua predominante en Galicia.

Los datos reflejan un cambio profundo en apenas dos décadas. En 2008, más personas utilizaban el gallego como lengua habitual. Hoy, el porcentaje de población que habla siempre en castellano supera al de quienes usan exclusivamente el gallego.

El retroceso entre los jóvenes

El principal motivo de preocupación está en las nuevas generaciones. El uso del gallego cae de forma notable entre niños y adolescentes, un fenómeno que lingüistas y expertos consideran clave para entender el futuro de la lengua.

Las estadísticas señalan que únicamente una pequeña parte de los menores de entre 5 y 14 años utiliza habitualmente el gallego, mientras aumenta el número de jóvenes que se comunican exclusivamente en castellano.

Además, alrededor de un tercio de los menores reconoce que habla “poco o nada” de gallego, algo prácticamente impensable hace apenas unas décadas.

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Para muchos especialistas, el problema no reside únicamente en el aprendizaje del idioma en la escuela, sino en la pérdida de transmisión familiar. Cada vez más hogares gallegos educan a sus hijos principalmente en castellano, incluso en familias donde los padres dominan perfectamente el gallego.

Este fenómeno provoca que numerosos jóvenes entiendan el idioma, pero no lo incorporen a su vida diaria. El gallego deja entonces de ser una lengua de uso espontáneo y pasa a ocupar un papel más académico o institucional.

Las ciudades aceleran el cambio lingüístico

La situación también varía según el territorio. Las áreas rurales continúan conservando una presencia importante del gallego, mientras que las grandes ciudades muestran una clara tendencia hacia el predominio del castellano.

A Coruña y Vigo aparecen entre las urbes donde el uso habitual del gallego ha descendido con más fuerza en los últimos años.

Por el contrario, ciudades como Ourense o Santiago de Compostela han logrado mantener porcentajes más altos de hablantes e incluso registrar ligeras recuperaciones.

La urbanización, la movilidad laboral y la llegada de población procedente de otras comunidades autónomas también han influido en esta transformación. Muchos expertos consideran que el castellano se ha convertido en la lengua común en determinados contextos urbanos y laborales.

Sin embargo, asociaciones culturales y entidades de defensa de la lengua consideran que el retroceso responde principalmente a una falta de políticas activas de protección lingüística.

Internet y las redes sociales: el nuevo desafío

Otro de los grandes retos para el gallego es su presencia en el entorno digital. El castellano domina ampliamente en internet, plataformas audiovisuales y redes sociales, espacios fundamentales para las nuevas generaciones.

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La mayoría de usuarios utiliza el castellano en redes sociales y contenidos audiovisuales, mientras el uso exclusivo del gallego sigue siendo minoritario.

En navegación por internet, lectura digital y consumo audiovisual, el gallego ocupa una posición secundaria frente al castellano y otras lenguas internacionales como el inglés.

No obstante, también existen señales positivas. En los últimos años han surgido creadores de contenido, músicos, periodistas y proyectos culturales que utilizan el gallego en TikTok, Twitch, YouTube o Spotify, intentando conectar el idioma con públicos jóvenes.

Este movimiento ha permitido que el gallego gane visibilidad en espacios donde hace apenas unos años tenía una presencia muy reducida.

Un debate político y social

El descenso del uso del gallego ha abierto un intenso debate político y social en Galicia.

La Real Academia Galega y diversas organizaciones culturales han advertido del riesgo que supone la pérdida progresiva de hablantes habituales. Para muchos expertos, la situación actual representa una emergencia lingüística que requiere medidas urgentes.

Movimientos ciudadanos y plataformas en defensa de la lengua han organizado manifestaciones y campañas para reclamar una mayor protección institucional y una presencia más fuerte del gallego en la enseñanza, los medios de comunicación y la administración pública.

Por su parte, la Xunta de Galicia defiende que el conocimiento del idioma sigue siendo elevado y apuesta por políticas de equilibrio entre gallego y castellano. El Gobierno autonómico sostiene que Galicia continúa siendo una sociedad bilingüe y que el objetivo debe ser garantizar la libertad lingüística de los ciudadanos.

El debate refleja una realidad compleja: el gallego no está desapareciendo de forma inmediata, pero sí pierde presencia en ámbitos fundamentales para asegurar su transmisión futura.

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Una lengua que sigue viva

A pesar de las cifras preocupantes, el gallego mantiene una fuerte carga simbólica, cultural e identitaria. Millones de personas lo entienden, miles lo utilizan diariamente y continúa siendo una lengua visible en la literatura, la música, la televisión autonómica y buena parte de la vida cultural gallega.

Además, han surgido nuevos perfiles de hablantes conocidos como “neofalantes”: personas que, aun habiendo crecido en castellano, deciden incorporar el gallego a su vida cotidiana por razones culturales, sociales o afectivas.

La historia demuestra que las lenguas cambian constantemente y que su supervivencia depende, sobre todo, de su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos y seguir siendo útiles en la vida diaria.

El futuro del gallego probablemente no dependerá únicamente de leyes o instituciones, sino también de si las nuevas generaciones vuelven a sentir la lengua como algo propio, moderno y natural.

Porque una lengua no desaparece cuando deja de enseñarse, sino cuando deja de hablarse.

Este artículo ha sido elaborado con la colaboración de ELE USAL Barcelona, centro especializado en la enseñanza del español como lengua extranjera y en la promoción del aprendizaje y la reflexión sobre las lenguas en contextos multiculturales.

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