agosto 14, 2026

El terror de lo cotidiano: la ciencia detrás del efecto Backrooms y Obsession

En mayo de 2026, dos películas de terror dirigidas por cineastas que se dieron a conocer en internet coincidieron en salas. Obsession, de Curry Barker, transformó el deseo de un hombre por ser correspondido en una narrativa sobre obsesión, control y consentimiento. Semanas después, Backrooms, de Kane Parsons, llevó a la pantalla grande un universo de pasillos amarillos, oficinas vacías y habitaciones interminables. Ambas se posicionaron entre las películas más taquilleras del año, con una recaudación global de más de 470 millones de dólares y cerca de 390 millones, respectivamente.

Las similitudes van más allá de sus directores. En Obsession, el peligro y el miedo comienzan con algo tan reconocible como el deseo de que otra persona corresponda a nuestros sentimientos, mientras que en Backrooms emergen en espacios aparentemente cotidianos. Ambas películas toman elementos familiares y los distorsionan hasta que una relación afectiva o un lugar común dejan de sentirse seguros.

Un cambio de perspectiva en el terror

Podría parecer que el terror ha comenzado a buscar el miedo en otros lugares, dejando de lado a vampiros, demonios y monstruos, y en su lugar explorando traumas, relaciones de control, aislamiento, pantallas y tecnología; sin embargo, la historia del género revela algo diferente.

“No creo que sean un patrón nuevo, creo que más bien lo que está ocurriendo es un cambio de perspectiva”, señala Valeria Villegas Lindvall, doctora en estudios cinematográficos especializada en pensamiento feminista y descolonial. Para ella, la diferencia radica en quién narra estas historias, ya que en los últimos años han surgido más cineastas jóvenes y voces que antes tenían menos oportunidades dentro del género.

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Transformaciones en el cine de terror

Edna Campos ha sido testigo de estas transformaciones durante 25 años como directora y cofundadora de Macabro, Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México. A lo largo de este tiempo, ha observado diversas tendencias, desde el torture porn y el auge del terror japonés hasta el resurgimiento del folk horror.

“Yo creo que los miedos son los mismos. Lo que cambia es el contexto, y eso es lo que modifica la forma en que se cuentan esas historias”, menciona Campos. La comunicóloga afirma que la muerte, el dolor, la pérdida, la vejez, la oscuridad y la desconfianza hacia los demás son temores que continúan apareciendo, aunque cada época encuentra escenarios distintos para representarlos.

Cuando lo familiar deja de sentirse seguro

Las relaciones y los espacios cotidianos no son una novedad en el terror. Villegas Lindvall recuerda que la idea del “enemigo entre nosotros” ha sido un tema recurrente en la historia del género, y que el hogar ha funcionado como un espacio de amenaza desde los inicios del cine.

“No es tanto que estos patrones sean nuevos o que lo doméstico y las relaciones en estructuras reconocibles sean novedosos, sino más bien la subversión de esos espacios cuando existe una forma de contrarrestar dinámicas de poder desiguales”, explica.

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