julio 27, 2026

Okupas en A Rabaza, Ourense, intentan detener su desalojo

El movimiento okupa que se ha establecido en la antigua fábrica de Recauchutados Herco, ubicada en la calle de Ponferrada, se muestra reacio a abandonar el lugar que han considerado su hogar durante más de diez años. Esta semana, las excavadoras han comenzado a demoler varias edificaciones en la margen derecha de esta área del barrio de Rabaza (Ourense), lo que ha generado temor entre los okupas de que ellos sean los próximos en perder su refugio.

Desarrollo de nuevas viviendas

Una empresa ha iniciado la preparación del terreno, y los vecinos aseguran que se trata de una nueva promoción de viviendas adosadas. En cuestión de horas, las excavadoras han derribado el antiguo chalet individual que se encontraba junto a Recauchutados Herco, así como una nave cercana. Este chalet, que contaba con dos plantas y una zona ajardinada, había estado deshabitado durante muchos años. Además, había sido okupado por personas sin hogar, quienes dejaron en su interior evidencias de su paso: colchones, pintadas en las paredes, ropa de diversos tipos y otros enseres.

Los okupas temen que este lunes sea su turno y, por ello, han colocado en las paredes del edificio una serie de lonas que reclaman su permanencia en el recinto, asegurando que no será fácil desalojarlos. En el interior residen menos de una docena de personas, quienes, aunque en el pasado organizaron actividades culturales, actualmente solo utilizan el lugar como su hogar. Este sitio es conocido como la Kasa Negra, y sus ocupantes han mantenido una convivencia discreta con los vecinos, esforzándose por evitar cualquier conflicto en la comunidad.

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Impacto en la comunidad

La situación ha generado diversas reacciones entre los residentes del barrio. Algunos apoyan la iniciativa de desarrollo de nuevas viviendas, mientras que otros muestran su preocupación por el impacto social que podría tener el desalojo de los okupas. La Kasa Negra ha sido un punto de encuentro para quienes buscan un espacio donde vivir, y su posible desaparición plantea interrogantes sobre el futuro de la comunidad y la gestión de la vivienda en la zona.

A medida que avanza la demolición de las edificaciones, los okupas continúan defendiendo su derecho a permanecer en el lugar. La tensión entre el desarrollo urbano y las necesidades de vivienda de las personas más vulnerables se hace evidente, dejando al descubierto las complejidades de la situación habitacional en Ourense.

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