julio 27, 2026

José Antonio Parente, de Ourense, comparte su experiencia tras vencer la obesidad y cómo se sentía cansado incluso sentado con casi 200 kilos

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La obesidad como desafío en Ourense

La obesidad se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud pública a nivel global, y Ourense no es una excepción. Según los últimos datos del Observatorio de Salud Pública de Galicia, la prevalencia de obesidad en adultos de la zona sanitaria de Ourense, Verín y O Barco de Valdeorras se sitúa en torno al 19,14 %.

Superar esta condición no es simplemente una cuestión de fuerza de voluntad, sino que es un proceso complejo que implica cambios físicos, psicológicos e incluso sociales. El limiano José Antonio, un transportista de 36 años, es un ejemplo de superación personal que logró llegar a su peso ideal tras rozar los 200 kilogramos.

El camino hacia la transformación

A la hora de vencer una enfermedad como la obesidad, los hábitos negativos adquiridos a lo largo de años dificultan el proceso. La alimentación poco saludable, el sedentarismo o la relación emocional con la comida son algunas de las condiciones generales en estos casos. Estos rasgos coinciden con la historia de José, quien señala “la dejadez” como el motivo principal que le llevó a alcanzar estas dimensiones.

Por otra parte, menciona la ansiedad como uno de los factores que le llevó a “refugiarse en la nevera y en la comida”. Entre sus vivencias, resalta la muerte de su padre cuando él tenía 11 años como un acontecimiento que empeoró su situación: “Ya era gordito anteriormente, pero desde ahí me dejé mucho más”.

Un cambio de mentalidad

El 10 de enero de 2020, el limiano, que actualmente reside en Ourense, decidió darle un cambio en su vida. “La mente me hizo clic y el confinamiento que vivimos por la pandemia para mí fue fundamental”, relata. Este periodo tan importante para su caso también tuvo un impacto indirecto en la obesidad. Si bien muchos estudios apuntan a un aumento de peso generalizado, también existen casos de personas que aprovecharon el tiempo libre para iniciar hábitos más saludables.

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Este último es el modelo que siguió José: “Tenía una terraza de unos siete metros de largo y cuatro de ancho donde caminaba y hacía deporte. Llegué a hacer en este espacio una media maratón en un día, que son 21,5 kilómetros aproximadamente”. El proceso para alcanzar su peso ideal duró aproximadamente un año, siendo en su caso un intervalo entre los 75 y 80 kilogramos al medir 1,80 metros.

En cuanto a la pérdida de peso en los primeros meses, admite que no se obsesionó con la báscula. “No quería estar pendiente todo el tiempo del número. Me guiaba más por cómo me veía y por las fotos que me iba haciendo”. Aun así, recuerda que en los primeros 30 días pudo bajar alrededor de 20 o 25 kilogramos. Durante su cambio, menciona que en torno al cuarto o quinto mes le llegó un periodo de estancamiento. “Ahí es cuando no puedes obsesionarte. Si te centras demasiado en la báscula, puedes perder el ritmo que llevas”.

Como resultado de esta etapa, José ganó “salud, calidad y esperanza de vida”, teniendo ganas de realizar cualquier tipo de actividad deportiva, física o social. Desde cambios en su trabajo hasta detalles como la disponibilidad de tiendas de ropa, el limiano considera que fueron todo ventajas en su desarrollo. “Pasé de no tener apenas dónde comprar a poder encontrar prendas en cualquier establecimiento. En el proceso, cambié una talla 64 de pantalón por una 38 o 40 y dejé de llevar una 6XL por una M en las camisetas”, detalla.

Bajo esta misma perspectiva, destaca que se sentía un “lastre” en ocasiones: “Mis posibilidades sociales estaban reducidas. Si iba a pescar, no podíamos ir hasta algunas zonas por mi condición o si me sentaba en la parte de atrás del coche, solo podía ir una persona más”. Además, los mayores cambios los sintió en detalles sencillos como “sentarse en el sofá y no sentirse cansado”.

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Con respecto a las anécdotas que le ha dejado esta etapa de su vida, resalta que la gente no lo reconocía al regresar a Xinzo, tras pasar el confinamiento de la pandemia en Ourense. “Iba saludando por la calle y me miraban sorprendidos, preguntándose quién era”, recuerda.

Como evidencia el

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