
Los pueblos indígenas de los Andes fueron pioneros en la domesticación de la papa, un proceso que se remonta entre 6,000 y 10,000 años. Este cultivo se ha convertido en un pilar fundamental de su dieta, y con el tiempo, ha influido en una adaptación genética que se manifiesta en sus descendientes actuales en Perú. Una investigación reciente revela que esta población presenta una notable capacidad para digerir el almidón, lo que subraya la conexión entre la alimentación y la evolución genética humana.
El estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y la Universidad de Buffalo, retoma hallazgos anteriores que indican que las comunidades indígenas andinas poseen variantes genéticas que les permiten una mejor digestión del almidón, en comparación con grupos que incorporaron la papa a su dieta de manera más reciente.
Investigación sobre la adaptación genética
La investigación se centró en desentrañar el origen de esta adaptación genética en los pueblos andinos. Según un artículo publicado en la revista Nature, los científicos recolectaron muestras de sangre de diversas comunidades indígenas en América Latina para analizar su ADN. Los participantes incluyeron quechuas de Perú, tanto de ciudades costeras como Lima, como de regiones montañosas, como Cerro de Pasco. También se incluyeron indígenas mayas de México que hablan tzeltal, tzotzil y ch’ol, reclutados en áreas cercanas a Palenque, Chiapas.
Los datos obtenidos fueron comparados con bases de datos genéticas internacionales que incluían muestras de diversas poblaciones de todo el mundo, incluyendo grupos tibetanos y habitantes de Oriente Medio.
Resultados del análisis genético
Tras examinar el genoma de más de 3,720 personas de 85 poblaciones diferentes, los investigadores encontraron el gen AMY1 presente en casi todos los participantes. Este gen está vinculado a la producción de amilasa, una enzima que se genera en las glándulas salivales y que facilita la descomposición de carbohidratos complejos, como el almidón, desde el momento de la masticación.
Los resultados revelaron que la mayoría de las personas tiene un promedio de siete copias del gen AMY1. Sin embargo, entre los indígenas quechuas de Perú se observó un promedio de 10 copias, una diferencia que, según los autores, podría haber proporcionado una ventaja evolutiva en términos de supervivencia o reproducción de aproximadamente 1.24% por generación.
Los investigadores sugieren que la expansión del cultivo de papa en los Andes pudo haber favorecido indirectamente esta característica genética. Sin embargo, se aclara que esto no implica que las poblaciones indígenas adquirieran nuevas copias del gen simplemente por consumir este tubérculo.
“No es que los indígenas andinos adquirieran copias adicionales del gen AMY1 una vez que empezaron a comer papas. Más bien, aquellos con menos copias fueron desapareciendo gradualmente de la población, posiblemente porque tuvieron menos descendencia, mientras que quienes poseían más copias sobrevivieron y transmitieron esa característica”, se explica en el estudio.
Bajo esta perspectiva, la mayor capacidad para digerir almidón en los pueblos quechuas podría ser el resultado de un proceso de selección natural que se ha desarrollado a lo largo de miles de años.
El equipo de investigación también consideró otra posible explicación: que esta adaptación genética pudiera haber surgido tras el colapso demográfico de las comunidades indígenas que ocurrió después de la llegada de los europeos a América en los siglos XV y XVI, un periodo caracterizado por epidemias, violencia y hambrunas que transformaron drásticamente a las poblaciones originarias.
