septiembre 25, 2026

«Experta revela su mayor temor desde el COVID: Alertan sobre el brote de ébola»

El ébola sigue siendo una amenaza latente en el continente africano, y el brote actual en la República Democrática del Congo (RDC) se ha convertido en uno de los más alarmantes que se han registrado. Nicole Lurie, directora ejecutiva de preparación y respuesta en la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI), expresa su inquietud al afirmar que, aparte del COVID-19, este brote es uno de los eventos más preocupantes que ha presenciado en su carrera.

Desde mayo, más de 7,000 personas han sido infectadas por el virus del ébola en Bundibugyo, con una tasa de mortalidad que se aproxima al 50%, según las estimaciones gubernamentales respaldadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Un brote sin precedentes

La rapidez de este brote es alarmante. Lurie lo califica como el de más rápido crecimiento observado hasta la fecha y advierte que podría convertirse en el más grave que el mundo haya enfrentado. A pesar de que en Uganda se logró controlar un brote similar a través del rastreo de contactos y el aislamiento, la inestabilidad en la RDC complica severamente los esfuerzos de contención. La violencia en la región ha desplazado a millones, lo que dificulta el seguimiento de contactos y el manejo de los casos de manera efectiva.

Además, la desconfianza hacia los trabajadores humanitarios ha generado desafíos adicionales. Incidentes de agresiones a voluntarios de la Cruz Roja y la destrucción de equipos médicos han obstaculizado las iniciativas de salud pública necesarias para contener la propagación del virus. Lurie afirma que «no podemos poner fin a esto sin una vacuna».

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Desarrollo de una vacuna

Ante el alarmante aumento de contagios, CEPI reasignó 100 millones de dólares para el desarrollo de una vacuna poco después de que se identificaran los primeros casos en Bundibugyo. Esta inversión permitió a científicos del Serum Institute of India producir dosis de la vacuna ChAdOx1 BDBV, desarrollada por la Universidad de Oxford, en un tiempo récord. Junto a esta, la candidata a vacuna de Moderna también está en fase de ensayos de seguridad, con pruebas de eficacia programadas para iniciar en breve.

A pesar de que CEPI considera que una vacuna es crucial para erradicar la epidemia, se anticipa que la realización de ensayos clínicos se verá afectada por la desconfianza hacia las vacunas en las comunidades afectadas. La profesora Teresa Lambe, experta en vacunología, expresa su preocupación: «Incluso si tenemos vacunas efectivas, ¿serán aceptadas por la población?»

Desafíos en la respuesta internacional

Desde que estalló el brote, Lambe ha estado trabajando incansablemente en el desarrollo de la vacuna, sin tomarse un solo día de descanso. Comenta que, a diferencia del confinamiento durante la pandemia de COVID-19, la situación en la RDC no ha captado la atención necesaria, lo que dificulta la organización de esfuerzos coordinados para abordar la crisis del ébola.

La respuesta internacional se ha visto afectada por recortes en la financiación de programas de salud, especialmente tras la retirada de Estados Unidos de la OMS y la desmantelación de USAID. Esto ha resultado en una escasez de recursos esenciales, desde equipos médicos hasta suministros básicos, lo que complica aún más el manejo de la epidemia.

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Necesidad de financiamiento sostenible

A pesar de que el gobierno estadounidense destinó 50 millones de dólares en junio para respaldar las actividades de CEPI en relación con el brote de Bundibugyo, Lurie advierte que sin una recaudación adicional, el financiamiento para el programa contra el ébola se agotará en diciembre. Resalta la importancia de que todos los gobiernos contribuyan a este esfuerzo crucial.

CEPI fue fundada en 2017 con el apoyo de diversos gobiernos y la Fundación Bill y Melinda Gates, en respuesta a la necesidad de acelerar el desarrollo de vacunas para enfrentar epidemias, tras el devastador brote de ébola en África Occidental que causó más de 11,000 muertes. Lurie, que estuvo involucrada en la gestión de la crisis durante la administración Obama, recuerda el pánico y el alto costo de los tratamientos en los pocos casos reportados en EE. UU., enfatizando que «no creo que nadie quiera volver a pasar por eso».

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