julio 27, 2026

El factor estructural y la letalidad del segundo sismo en los edificios de Venezuela

Verónica Cañas apenas logró tomar a su hijo de seis años y ponerse los zapatos antes de salir corriendo de su departamento en Caracas. Mientras descendía las escaleras, las paredes comenzaron a resquebrajarse y parte de la fachada empezó a desprenderse. A unos kilómetros de allí, Eduardo Burger, de 50 años, observaba cómo un edificio en Altamira se ondulaba mientras otro perdía fragmentos de su estructura.

Ninguno de los dos sabía que lo que estaban viviendo no era solo un terrible terremoto, sino un fenómeno realmente poco común. El 24 de junio, Venezuela experimentó un doblete sísmico: dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos. El primer movimiento ocurrió a las 18:04 horas (tiempo local), con epicentro en Yaracuy. Apenas unos segundos después, un segundo sismo, aún más intenso, volvió a sacudir la misma región. Ambos ocurrieron a una profundidad superficial de entre 10 y 20 kilómetros, lo que favoreció que la energía llegara con mayor intensidad a la superficie y que las ondas sísmicas se sintieran incluso en Colombia, el norte de Brasil y varias islas del Caribe como Aruba, Bonaire y Curazao. Hasta el momento, el gobierno venezolano ha confirmado 589 muertos y cerca de 3,000 personas heridas.

La experiencia de los afectados

«La mesa del comedor comenzó a moverse […]. Pensábamos que era un temblor; luego empezó a moverse mucho más fuerte. Las paredes se estaban resquebrajando y el techo botaba partes. Pensábamos que se nos iba a caer encima», relata Verónica Cañas.

Ella y su familia lograron llegar a una cancha deportiva frente al edificio, donde comenzaron a reunirse otros vecinos. Allí los alcanzó una nueva sacudida. “Todos nos abrazamos con mucho miedo porque no estamos acostumbrados a esto. En México y en Chile hay una cultura antisísmica y la gente ya está preparada ante una alarma, ante ciertos movimientos, pero nosotros no», comenta.

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La experiencia de Verónica ilustra una de las principales diferencias entre Venezuela y otros países con mayor actividad sísmica: aunque el territorio se encuentra sobre el contacto entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, terremotos de esta magnitud son poco frecuentes para gran parte de la población.

La interacción de placas tectónicas

Alan Damián Sánchez Pulido, ingeniero civil y especialista en identificación de daño estructural, explica que el origen del fenómeno se encuentra precisamente en la interacción entre ambas placas tectónicas.

«En Venezuela, la interacción entre la placa del Caribe y la Sudamericana es un movimiento paralelo; eso es lo que pudo haber ocasionado que se generaran dos sismos de una magnitud considerable de manera tan seguida», señala.

A diferencia de México, donde la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa Norteamericana, en Venezuela el desplazamiento lateral favorece escenarios distintos. «Es un fenómeno muy raro, pero la probabilidad no es cero. Puede ocurrir en cualquier lugar del mundo donde exista interacción entre placas tectónicas», añade.

Impacto de los sismos en las estructuras

Lo sorprendente no fue únicamente que ocurrieron dos terremotos de magnitud importante, sino que el segundo llegó apenas 39 segundos después del primero. Para Sánchez Pulido, ese intervalo marcó la diferencia entre edificios que pudieron permanecer en pie y otros que terminaron gravemente afectados.

«Muchas estructuras sufrieron algún tipo de daño con el primer sismo. No quiere decir que sean daños muy importantes, pero cualquier daño modifica el comportamiento original para el que fueron diseñadas. Cuando inmediatamente después llega otro sismo de una magnitud similar, ya no existe la opción de reforzar, revisar o intervenir la estructura. Entonces ya no responde como fue diseñada», detalla.

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En otras palabras, el primer terremoto debilitó varias edificaciones y el segundo encontró estructuras que ya habían perdido parte de su capacidad para absorber la energía del movimiento.

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