julio 27, 2026

El Banco de Alimentos de Ourense enfrenta una crisis por falta de donaciones y voluntarios

La situación del Banco de Alimentos de Ourense es crítica. Quien se asoma a su bodega, ubicada en el Polígono de San Cibrao, percibe un vacío desolador. Este fenómeno se debe tanto a causas externas relacionadas con el encarecimiento de los combustibles por la guerra en Irán, como a los problemas sociodemográficos de Ourense, que están asociados al envejecimiento y la dispersión poblacional. El núcleo de esta situación se encuentra en las cifras: en marzo de este año, la provincia registró la mayor subida del IPC de toda España, alcanzando un 4,2% interanual. Esta cifra colocó a Ourense por delante de grandes ciudades como Madrid (4,1%) y Toledo (4,0%).

Aumento alarmante de la cesta básica

Detrás de las estanterías vacías del Banco de Alimentos se encuentra el encarecimiento progresivo de la cesta básica de la compra, que ha acumulado una subida del 39,9% en los últimos cinco años, según los datos del IPC. Este golpe directo a la economía familiar se ve agravado por otros gastos esenciales para el día a día de los ourensanos, como el incremento del 40,4% en el recibo del agua y los costes relacionados con la vivienda, que es el apartado que más ha crecido en la provincia.

En conjunto, el coste de la vida en Ourense ha escalado un 24,7% en el último lustro, situándose por encima de la media de Galicia (23,4%) y de la media nacional (22,4%). En términos prácticos, una cesta de bienes que en 2021 costaba 1.000 euros requiere hoy un desembolso de 1.247 euros para los hogares ourensanos.

Realidad del Banco de Alimentos

Natalia González, responsable del Banco de Alimentos de Ourense, asegura que se trata de la “pura realidad”. “No disponemos de productos básicos. Nos quedamos sin aceite, leche, galletas, cacao, pasta ni arroz”. En cuanto a las aportaciones monetarias, la responsable destaca: “Las donaciones han disminuido porque la situación a nivel general es crítica para muchas personas y, además, el valor de los alimentos se ha incrementado tanto que tampoco la gente dona tantas cantidades como antes”.

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Sobre el perfil del donante acorralado por las circunstancias, González resalta que cada vez hay más personas en situación de necesidad en muchos entornos y “la capacidad de ayudar a otros se reduce drásticamente”. “La situación es crónica si consideramos que nosotros colaboramos con 3.000 familias, dentro de las cuales hay 500 niños que comen en el comedor escolar, y ahora en verano se quedarán sin esa ayuda”, alertó González.

Falta de voluntarios

Al fenómeno de la “bodega vacía” se suma una apatía general hacia el voluntariado por razones de edad o simple desmotivación. “En junio lanzaremos nuevamente la propuesta a todos los centros de enseñanza con el fin de lograr una mayor captación de voluntarios para la campaña de la ‘Gran Recogida’”, anuncia la encargada Natalia González. “El perfil más útil es aquel voluntario que trabaja en campañas de supermercados, gente joven y carismática, capaz de sensibilizar a los potenciales donantes”, enfatizó la responsable del Banco de Alimentos.

La situación actual del Banco de Alimentos de Ourense refleja un panorama desolador que afecta a miles de familias en la provincia, donde la necesidad y la falta de recursos se entrelazan en un ciclo difícil de romper. La colaboración de la comunidad es más crucial que nunca para revertir esta tendencia y brindar apoyo a quienes más lo necesitan.

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