julio 27, 2026

Científicos encuentran una forma contagiosa de cáncer en peces de un lago de Norteamérica

La noción de que el cáncer pudiera actuar como una enfermedad contagiosa puede parecer descabellada. En los seres humanos, el cáncer no se transmite de una persona a otra, como ocurre con el covid o la infección por VIH. Sin embargo, la naturaleza tiene la capacidad de sorprendernos. En casos excepcionales, las células cancerosas pueden transferirse de un individuo a otro y seguir multiplicándose en un nuevo huésped. Este fenómeno inusual ha sido observado en animales como perros, demonios de Tasmania y algunas especies de moluscos, y ahora se suma el pez gato a esta lista.

Un equipo internacional de investigadores ha descubierto un melanoma transmisible en el pez gato marrón (Ameiurus nebulosus), marcando el primer caso documentado en peces y el primero registrado en un ecosistema de agua dulce. Los hallazgos fueron publicados este mes en la revista Nature.

Un cáncer que no se origina de virus ni bacterias

La historia comenzó en 2012, cuando pescadores y biólogos notaron un número inusualmente alto de bagres con lesiones negras en el lago Memphremagog, un cuerpo de agua compartido por Vermont (Estados Unidos) y Quebec (Canadá). Estudios anteriores revelaron que estas manchas eran melanomas malignos, y que entre el 23 y el 37% de los ejemplares examinados presentaban estos tumores, una incidencia notablemente elevada para esta especie.

“Fue sorprendente”, comentó una de las investigadoras. “Queríamos entender cómo un pez que habita en el fondo del lago estaba desarrollando un cáncer que normalmente asociamos con la exposición excesiva al sol”.

Investigaciones sobre la causa del melanoma

Inicialmente, se consideró que la causa podría ser una sustancia tóxica o un patógeno relacionado con la contaminación. Una de las hipótesis era que las inundaciones provocadas por la tormenta tropical Irene en 2011 habían deteriorado la calidad del agua al arrastrar contaminantes. La salud del lago era una preocupación, ya que provee agua potable a más de 175,000 personas. Sin embargo, los primeros análisis genéticos comenzaron a sugerir una dirección inesperada.

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Los investigadores empezaron a preguntarse si los tumores podrían descender de un único cáncer original que había aprendido a transmitirse entre los peces, en lugar de desarrollarse de manera independiente en cada uno de ellos.

Para probar esta teoría, el equipo secuenció los genomas completos de los tumores y de los tejidos sanos de los peces afectados, comparando esos datos con ejemplares sanos de diferentes poblaciones.

Los resultados mostraron que las células tumorales de diferentes peces estaban más emparentadas entre sí que con los animales en los que se encontraban. En otras palabras, los tumores compartían una identidad genética propia, distinta de la de sus huéspedes. Además, se encontraron cientos de miles de variantes genéticas que aparecían repetidamente en los tumores, pero que estaban ausentes en los tejidos sanos de los mismos peces.

Este patrón sería prácticamente imposible si cada melanoma hubiera surgido de forma independiente. En comparación, los investigadores analizaron cientos de melanomas humanos y encontraron que casi todas sus mutaciones son exclusivas de cada paciente. En contraste, la mayoría de las mutaciones presentes en los tumores de estos peces eran compartidas por numerosos individuos, lo que indica un cáncer clonal transmisible.

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