septiembre 4, 2026

Descubre cómo las pantallas podrían beneficiar la salud mental de los jóvenes, según un psicólogo evolutivo.

Regulaciones en el uso de tecnología para menores

En diciembre de 2025, Australia estableció un importante precedente al exigir a las principales plataformas de redes sociales que implementaran medidas para restringir la creación y el mantenimiento de cuentas por parte de usuarios menores de 16 años. Posteriormente, en septiembre de 2026, Francia amplió la prohibición de uso de teléfonos móviles durante las horas escolares a todos los niveles educativos, desde la educación preescolar hasta el bachillerato. Estas iniciativas son parte de una creciente tendencia a abordar los riesgos asociados con el uso de tecnologías durante la infancia y la adolescencia.

La perspectiva de Peter Gray sobre la salud mental juvenil

El psicólogo evolutivo estadounidense Peter Gray sostiene que aunque algunas restricciones pueden ser útiles en ciertos momentos, limitar el acceso a teléfonos inteligentes o redes sociales no solucionará la crisis de salud mental que afecta a los jóvenes. Gray, quien ha dedicado décadas a estudiar el juego, el aprendizaje y la autonomía en la infancia, cuestiona la idea de que estas tecnologías sean la principal causa del deterioro en la salud mental. Su argumento se basa en la cronología: los problemas asociados con el mundo digital comenzaron a manifestarse mucho antes de la llegada de las redes sociales.

Gray destaca que, en Estados Unidos, los indicadores de ansiedad, depresión y suicidio entre adolescentes aumentaron significativamente entre 1950 y 1990, período en el que no existía un acceso generalizado a Internet ni a redes sociales. Esta cronología, según él, debilita la noción de que las pantallas sean la fuente principal de la crisis actual, aunque reconoce que pueden influir en algunos problemas contemporáneos.

Menos libertad en la infancia contemporánea

Desde antes de que la tecnología digital se convirtiera en un tema central, Gray comenzó a desarrollar su crítica sobre la disminución de las oportunidades para que los niños jugaran, exploraran y organizaran actividades de manera autónoma. En su libro «Free to Learn», publicado en 2013, expone cómo el control ejercido por los adultos ha aumentado, limitando el tiempo libre infantil.

Una parte significativa de este cambio se ha producido en el ámbito escolar. Gray observa que las jornadas educativas se han alargado, las tareas han aumentado y se ha reducido el tiempo destinado al juego libre. Fuera del entorno escolar, las actividades organizadas, como deportes y cursos extracurriculares, han ocupado el tiempo que antes estaba disponible para que los niños decidieran cómo pasar su tiempo.

Leer:  Europa considera la prohibición de desinfectantes con alcohol etílico por posibles riesgos de cáncer

Además, la creciente preocupación por la seguridad ha hecho que actividades como salir a jugar sin supervisión o visitar a amigos se vuelvan menos comunes. Gray relaciona esta transformación con el miedo a la delincuencia y otros peligros, y sugiere que recuperar cierta independencia infantil requiere comunidades donde se sienta que los niños pueden moverse con seguridad.

La conexión entre autonomía y salud mental

Gray argumenta que cuando gran parte de la vida de un niño está organizada o supervisada por adultos, se limitan las oportunidades para actuar de manera independiente. Este concepto está relacionado con el «locus de control», que se refiere a la percepción que tiene una persona sobre su capacidad para influir en los eventos de su vida. Gray señala que, a lo largo de varias décadas del siglo XX, los jóvenes estadounidenses han experimentado un cambio hacia un locus de control más externo, lo que se asocia con una mayor vulnerabilidad a la ansiedad y la depresión.

Desde su perspectiva, la autonomía necesita ser practicada. Un niño que tiene pocas oportunidades para tomar decisiones y enfrentarse a las consecuencias de sus elecciones carece de experiencias que le permitan resolver problemas y manejar frustraciones. Gray destaca que aunque la correlación entre el aumento de problemas de salud mental y la disminución de espacios de juego e independencia no prueba una relación causal directa, sí sugiere que la pérdida de control sobre la propia vida puede contribuir a la crisis de salud mental juvenil.

La llegada de la tecnología y su contexto

La cronología de los eventos es un aspecto clave en la crítica de Gray sobre la percepción negativa de las pantallas. A medida que las computadoras personales y los videojuegos se fueron popularizando, muchas libertades infantiles ya habían sido restringidas. Gray sugiere que el aumento del tiempo dedicado a la tecnología puede ser una respuesta a una vida cotidiana que ofrece menos oportunidades para actuar sin supervisión.

En «Free to Learn», menciona una encuesta donde la mayoría de los niños preferían jugar afuera a ver televisión o usar una computadora. Esto sugiere que algunos podrían haber optado por el juego digital porque era uno de los pocos espacios donde podían disfrutar de libertad, en un contexto donde salir al exterior estaba limitado. Gray también examina el papel de los videojuegos como entornos donde los participantes pueden colaborar, resolver problemas y desarrollar habilidades sociales.

Leer:  El misterioso planeta rosa es aún más raro de lo que pensábamos

La tecnología como una posible solución

Desde esta perspectiva, Gray plantea una hipótesis controvertida: la expansión de las computadoras y los videojuegos podría haber contribuido, al menos en parte, a mejorar la salud mental juvenil, al proporcionar a los jóvenes espacios de autonomía y habilidades sociales. Señala que ciertos indicadores de salud mental en Estados Unidos mejoraron entre 1990 y 2010, con una disminución del 40% en la tasa de suicidio juvenil. Sin embargo, también reconoce que los factores que contribuyen a esta mejora son inciertos.

Gray contrasta su visión con la de Jonathan Haidt, autor de «La generación ansiosa», un libro que ha influido en el debate sobre la infancia y la tecnología, promoviendo medidas como la prohibición de teléfonos en escuelas y restricciones en el acceso de menores a redes sociales. Ambos expertos coinciden en que los jóvenes han perdido autonomía y tiempo de juego, pero difieren en cuanto al papel de la tecnología en esta dinámica.

Revisando las prohibiciones en el uso de tecnología

Gray critica las prohibiciones generales, argumentando que históricamente, los adultos han reaccionado ante los medios que atraen a los jóvenes con un «pánico moral». Este patrón se ha repetido con cada nueva tecnología, desde las novelas y el cine hasta los videojuegos y las redes sociales. Aunque reconoce que no todas las tecnologías son igualmente riesgosas, considera que la conversación se centra en los posibles daños, restando importancia a los beneficios y al valor que los jóvenes encuentran en estas actividades.

Le preocupa que la solución a los problemas actuales deba ser nuevamente la restricción de la capacidad de decisión de los jóvenes. En su crítica a «La generación ansiosa», argumenta que la reacción automática de los adultos es pensar que cualquier problema puede resolverse eliminando “una libertad más”. Gray sostiene que los peligros del mundo digital deben abordarse a través de reglas de seguridad y educación.

Leer:  Frecuencia recomendada para cambiar los calcetines según la ciencia

Propuestas para un uso responsable de la tecnología

A pesar de su oposición a las prohibiciones, Gray no aboga por un uso ilimitado de los teléfonos. Reconoce que deberían existir restricciones en situaciones concretas, como durante la noche, las comidas y en momentos que requieren atención plena. Por ejemplo, sugiere que tanto niños como adultos mantengan los smartphones fuera de los dormitorios para evitar la interrupción del sueño, y que se establezcan normas familiares en torno al uso de dispositivos durante las comidas y en interacciones cara a cara.

Además, aunque acepta que los teléfonos deberían guardarse durante las clases para evitar distracciones, también critica que las escuelas desaprovechen la oportunidad de utilizar estas herramientas para enriquecer el aprendizaje. Gray enfatiza que internet presenta riesgos, pero los jóvenes deben aprender a manejarlos mientras desarrollan su autonomía. También aboga por una regulación de las empresas de redes sociales, aunque no las considera la causa principal del deterioro en la salud mental juvenil.

Un debate en evolución sobre la salud mental juvenil

A pesar de su enfoque, el argumento de Gray no resuelve la complejidad del debate científico sobre la salud mental juvenil. Por ejemplo, cuestiona algunos estudios que sugieren que la reducción del uso de redes sociales mejora el bienestar mental y resalta problemas como el «efecto de demanda», que puede influir en los resultados. También reconoce que su propia interpretación ha sido objeto de críticas, especialmente en su relación entre la presión escolar y el aumento de problemas de salud mental a partir de 2011.

Otros especialistas sugieren que es fundamental considerar múltiples factores en la salud mental juvenil, y que las restricciones tecnológicas pueden ser útiles en contextos específicos, como la atención en clase o los trastornos del sueño, aunque su efectividad es limitada en un fenómeno más amplio. En última instancia, Gray sostiene que el deterioro de la salud mental juvenil comenzó mucho antes de la era de las redes sociales y que la recuperación de la autonomía infantil requerirá cambios profundos en cómo los niños viven, juegan y aprenden.

Noticias relacionadas