julio 31, 2026

La sorprendente operación que llevó a cuatro ballenas beluga a Chicago

Uno de los elementos clave para llevar a cabo un viaje aéreo internacional sin precedentes con cuatro belugas es garantizar que no se percaten de que están en movimiento. “El objetivo es que se den cuenta lo menos posible”, comenta Karisa Tang, veterinaria jefe y vicepresidenta de salud animal del Acuario Shedd de Chicago.

Tang, junto a Charlie Jacobsma, director de comportamiento y adiestramiento animal del Shedd, acompañó a las belugas Acadia, Lillooet, Osiris y Sierra desde su hogar en las cercanías de las Cataratas del Niágara hasta el aeropuerto Pearson de Toronto, y posteriormente a Chicago. Otras dos belugas se unieron al viaje en un Boeing 777 de carga fletado, aunque luego fueron trasladadas a un acuario en San Antonio.

La situación en Marineland

Las ballenas residían en Marineland de las Cataratas del Niágara, un acuario y parque de atracciones con una larga trayectoria que se declaró en quiebra tras la muerte de sus propietarios y cerró sus puertas al público en 2024. Sin recursos para el cuidado de los animales, el parque solicitó asistencia al gobierno canadiense. En 2025, Marineland anunció que había tomado la “devastadora decisión” de considerar la eutanasia si no lograba reubicar a los animales.

Para ese momento, expertos en acuarios y biología marina ya estaban en conversaciones sobre la mejor manera de proceder. En enero de 2026, un equipo de rescate viajó a Ontario para evaluar las condiciones para el transporte de las belugas. En junio, se alcanzó un acuerdo entre Canadá y Marineland que permitió la reubicación de las ballenas en un consorcio de acuarios en Georgia, San Diego y España, además de las que ya habían sido trasladadas a instituciones en Chicago y Texas. “Ya se habían trasladado belugas antes, pero nunca se había hecho algo de esta magnitud”, explica Tang.

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El traslado exitoso

El proceso de trasladar mamíferos acuáticos de más de 450 kilos a lo largo de cientos de kilómetros se llevó a cabo de la manera más fluida posible. “Un despegue suave y perfecto, y un aterrizaje tranquilo”, declaró Jacobsma. El equipo se mantuvo cerca de las ballenas, vigilándolas constantemente y “echándoles agua en el lomo para asegurarse de que estuvieran cómodas”.

Días después del traslado, en una soleada tarde de viernes, los visitantes del Oceanario del Shedd se encontraron con carteles que pedían silencio. “Por favor, hablen en voz baja. Ayuden a las belugas rescatadas a aclimatarse a su nuevo hogar”, indicaban los carteles. Se pudo observar un hábitat apartado, bajo vigilancia las 24 horas por veterinarios y expertos en vida marina, donde Acadia, Lillooet, Osiris y Sierra permanecen actualmente fuera de la vista del público, permitiendo que sus nuevos cuidadores se concentren en ayudarles a adaptarse a su nuevo entorno.

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