
El cambio climático ha generado condiciones meteorológicas extremas que han intensificado los recientes incendios forestales en España y Francia. Además, la crisis climática, en su estado actual, podría aumentar la frecuencia de estos eventos severos, registrando uno cada dos décadas en el suroeste de Francia y otro cada seis años en el centro de España.
Estas afirmaciones provienen de un nuevo análisis realizado por la organización World Weather Attribution (WWA), que proporciona evidencia científica robusta sobre cómo el cambio climático ha incrementado el riesgo de incendios forestales más intensos, frecuentes, simultáneos y que ocurren en etapas más tempranas de la temporada, amplificando así sus consecuencias ambientales y sociales.
Los investigadores llegaron a estas conclusiones tras analizar registros meteorológicos históricos basados en el Índice de Gravedad Diaria (DSR, por sus siglas en inglés). Este indicador combina factores como la temperatura, la sequía, el viento y otras variables relacionadas con el comportamiento del fuego para estimar la dificultad de controlar un incendio una vez que comienza.
La evaluación se centró en los siete días con los valores más altos del DSR registrados en las áreas recientemente afectadas de Francia y España. Posteriormente, estas condiciones se compararon con simulaciones de un clima preindustrial, que se caracteriza por ser aproximadamente 1.4 °C más frío y sin los efectos del calentamiento atribuibles a las emisiones generadas por la actividad humana.
El análisis también consideró variables como la humedad del suelo, la temperatura superficial y las condiciones meteorológicas previas a los incendios para obtener una evaluación más precisa de los factores que favorecieron su desarrollo.
Incendios más intensos y frecuentes
Los resultados del estudio indican que el avance del calentamiento global ha incrementado significativamente la probabilidad de que se presenten condiciones extremas favorables para incendios forestales.
En España, estas condiciones fueron 20 veces más probables en comparación con la simulación de un clima sin influencia de la actividad industrial humana, mientras que en Francia la probabilidad se duplicó al menos.
El estudio también reveló que la intensidad del índice DSR aumentó más del 40% en ambos países en comparación con el escenario preindustrial. Un invierno particularmente húmedo favoreció el crecimiento de la vegetación, seguido por una primavera y un verano extremadamente cálidos y secos, lo que resultó en grandes cantidades de biomasa seca que actuó como combustible para la rápida propagación del fuego.
Los autores subrayan que estos incendios no solo fueron más intensos, sino que también ocurrieron de manera simultánea y en una etapa temprana de la temporada, lo que incrementó sus impactos ambientales y sociales. Víctor Riera, técnico de Proyectos de la Fundación Pau Costa, ha señalado que «los últimos eventos, no solo históricos de forma independiente, sino que, además, se han dado de forma simultánea y temprana en cuanto a estacionalidad, alertando de las consecuencias que tendrán estos eventos extremos tanto en las poblaciones afectadas de forma directa como en el resto de la población».

