julio 27, 2026

Científicos y ecologistas en alerta por la alarmante extracción del Ivy

Controversia por la extracción del Ivy

La reciente confirmación de que una empresa privada ha solicitado autorización para extraer los restos del carguero Ivy del fondo del mar, al sur de las Islas Cíes, ha generado una oleada de críticas entre la comunidad científica, los grupos ecologistas y el sector del buceo profesional. La publicación del inicio de los trámites en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el pasado 28 de mayo ha reavivado el debate sobre el futuro de un pecio que ha estado sumergido durante casi medio siglo, convirtiéndose en un ecosistema marino único.

El Ivy encalló el 30 de enero de 1976 cerca de las islas Estelas, frente a las costas de Baiona, cargado con miles de toneladas de mineral de hierro. El naufragio resultó en la muerte de cuatro de los más de treinta tripulantes. Aunque el casco fue dinamitado en su momento para facilitar el tráfico marítimo, los restos que permanecen en el lecho marino han sufrido una transformación significativa a lo largo de las décadas: lo que antes era un buque mercante ahora se ha convertido en un arrecife artificial, hogar de diversas especies marinas como pulpos, congrios, nécoras y bogavantes, camuflándose con el entorno sedimentario de la ría de Vigo.

Impacto ambiental y preocupaciones de los expertos

La transformación del Ivy es precisamente lo que inquieta a los expertos. Mariano Lastra, catedrático del departamento de Ecología y Biología Animal e investigador del CIM de la Universidad de Vigo, advierte que la retirada del pecio “sería un pequeño-gran desastre”. En un fondo principalmente sedimentario como el de la ría, cualquier objeto depositado durante tanto tiempo actúa como refugio y zona de reproducción para la fauna marina. “Funciona como si fuera un roquedo somero, y por lo tanto, mucho más rico en especies que su entorno. Es como una isla de biodiversidad”, señala Lastra. Además, el investigador subraya el riesgo de liberar metales pesados y otras partículas a la columna de agua, un peligro que debe ser estudiado y explicado con rigor antes de autorizar cualquier operación.

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Xandro García, biólogo marino y miembro del colectivo ecologista Adega, coincide en que retirar el Ivy “no tiene sentido desde el punto de vista ecológico” y exige un informe ambiental previo que evalúe las consecuencias de la extracción. La solicitud de extracción ha sido presentada por la empresa Técnica Administrativa Financiera, que deberá gestionar su petición ante la Armada, el organismo competente en esta materia según el Reglamento de Extracciones.

La visión de los buceadores y el valor económico del mineral

Iñaki Ferreiro, con veinticinco años de experiencia buceando en la ría de Vigo, conoce el pecio del Ivy como pocos. Como responsable de Buceo Islas Cíes, ha sido testigo de la evolución del carguero en un ecosistema vivo y su valoración sobre la operación de extracción es clara: “No tiene sentido. El beneficio no merece la pena por la destrucción que se va a llevar a cabo”. Ferreiro también cuestiona la rentabilidad del proyecto, ya que algunas fuentes estiman en torno a tres millones de euros el valor del mineral de hierro que podría recuperarse, pero él duda de esos cálculos.

No creo que haya tantas toneladas como creen, y la forma de extraerlo es costosa”, afirma, sugiriendo que el balance económico real podría ser menos favorable de lo que la empresa promotora estima. Más allá de las cifras, Ferreiro advierte sobre un riesgo mayor que trasciende el propio pecio. Los movimientos en el fondo marino podrían liberar contaminantes que las corrientes desplazarían por la ría, una zona donde operan polígonos de bateas y donde el turismo tiene un peso económico significativo. “Ese riesgo está ahí”, concluye.

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La riqueza del litoral gallego bajo el agua es vasta y difícil de cuantificar. Los arqueólogos de la Xunta, Ángel Carreira y Miguel San Claudio, han localizado y verificado alrededor de 150 barcos o restos de barcos hundidos, aunque las referencias documentales sugieren que miles de navíos han naufragado a lo largo de los siglos. Muchos de ellos no han podido ser encontrados debido a su ubicación en zonas de gran profundidad o porque las embarcaciones de madera u otros materiales orgánicos se han degradado con el tiempo y la acción del mar. Entre los que sí han podido rastrearse, muchos han llegado al conocimiento de los arqueólogos gracias a pescadores y mariscadores, quienes los descubren accidentalmente en sus redes. Sin embargo, el Ivy queda fuera del perímetro de protección patrimonial establecido por la Unesco, que fija el umbral de interés arqueológico en los cien años de antigüedad.

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