julio 27, 2026

La nueva amenaza de Irán pone en riesgo una de las arterias clave del internet mundial

Bajo las aguas del estrecho de Ormuz se extiende una compleja red de cables submarinos que transportan tráfico de internet, datos financieros y servicios en la nube entre el Golfo, Europa y Asia. A nivel global, estos cables manejan aproximadamente el 99% del tráfico de internet, convirtiéndose en uno de los pilares de la economía digital.

Estos cables son fundamentales para procesar pagos, conectar empresas, apoyar plataformas gubernamentales y mantener operativos los servicios en línea esenciales en la región.

Recientemente, se ha comenzado a discutir sobre estos cables en términos estratégicos. La agencia de noticias iraní Tasnim, vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), ha resaltado la vulnerabilidad de los cables submarinos de internet que atraviesan el Golfo.

Se ha advertido que un daño simultáneo a varios cables clave, ya sea por accidente o acción intencionada, podría provocar severos cortes en toda la región. Esta advertencia refleja un cambio más amplio en la dinámica de los conflictos. En una economía digital, la presión no necesariamente tiene que comenzar en puertos, oleoductos o aeropuertos.

Impacto de los ataques a la infraestructura

Atacar sistemas como AAE-1, Falcon, el Sistema Internacional de Cableado del Puente del Golfo, SEA-ME-WE y TGN-Gulf podría comprometer el acceso a internet de millones de personas. Según el informe de Tasnim, esta red combinada representa el 97% de la conectividad en la región.

Las repercusiones irían mucho más allá de la simple lentitud en la navegación web. Estos cables son el soporte de sistemas bancarios, plataformas en la nube, operaciones comerciales, redes logísticas y servicios digitales esenciales en todo el Golfo. También son cruciales para las comunicaciones en situaciones de emergencia.

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Kristian Coates Ulrichsen, investigador del Instituto Baker de la Universidad Rice, señala que 17 sistemas de cables submarinos transportan alrededor del 30% del tráfico de internet entre Europa, Asia y Oriente Medio.

Ulrichsen advierte sobre un «doble efecto de estrangulamiento» si el Golfo y el Mar Rojo sufren interrupciones simultáneas. Parte de esta vulnerabilidad es histórica, ya que para evitar las aguas iraníes, muchas rutas a través del estrecho de Ormuz se han concentrado en canales omaníes estrechos. Esto ha creado un denso corredor donde un solo incidente, como un ancla o una mina naval, podría causar una perturbación significativa, similar a lo que ocurrió en septiembre de 2025 en el Mar Rojo, afectando al 17% del tráfico mundial.

La geografía y sus desafíos

Los Emiratos Árabes Unidos tienen una ventaja geográfica, ya que su principal desembarcadero de cables, en Fujairah, está fuera del corredor de mayor riesgo. Bahréin, Qatar y Kuwait pueden recurrir a rutas terrestres de reserva a través de Arabia Saudí, pero según Ulrichsen, estas son insuficientes.

Las redes terrestres no tienen la capacidad para gestionar el gran volumen de tráfico submarino y siguen siendo vulnerables a conflictos regionales.

La naturaleza física de Internet

La mayoría de las personas perciben internet como algo etéreo. Sin embargo, los cables submarinos son físicamente tangibles, no mucho más anchos que una manguera de jardín. En su interior, delgadas hebras de vidrio transportan pulsos láser a cientos de gigabits por segundo, envueltas en capas de plástico, alambre de acero, cobre y nylon.

Algunos sistemas modernos incluso incorporan una fina capa de acero diseñada para protegerse contra las mordeduras de peces, una solución ingeniosa a los ataques de tiburones en los años 80, cuando se encontraron dientes incrustados en cables de prueba.

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