julio 27, 2026

Un nuevo cálculo elimina la posibilidad de vida compleja en el 80% de los sistemas estelares del universo

Para que un planeta desarrolle vida compleja tal como la conocemos, no es suficiente que sea rocoso, que se encuentre a la distancia adecuada de su estrella o que posea una atmósfera capaz de retener agua líquida; también es necesario que reciba el tipo adecuado de luz que permita a los organismos más simples producir su propio alimento y oxigenar el planeta.

Aunque los requisitos para replicar un escenario similar al de la Tierra son numerosos, es fácil imaginar que se cumplen en algún lugar del universo observable. Sin embargo, cada nueva investigación parece reducir las probabilidades de encontrar un mundo que pueda sostener biología compleja.

Una nueva estimación científica sugiere que los planetas que se forman en las estrellas más comunes del universo, las enanas rojas (tipo M), no reciben la energía necesaria para que los microorganismos inicien una explosión de oxígeno que transforme la atmósfera y permita la evolución de seres más complejos durante millones de años.

Este cálculo, aún pendiente de revisión para su publicación en una revista académica, es crucial. Actualmente, los planetas rocosos que orbitan alrededor de soles rojos ultrafríos, como los del sistema TRAPPIST‑1, son considerados entre los principales candidatos a mundos habitables.

El oxígeno importa más de lo que parece

La Tierra no nació con una atmósfera ni con el oxígeno libre que hoy respiramos. La explicación clásica del origen apunta al Gran Evento de Oxidación, cuando las primeras cianobacterias aprendieron a realizar fotosíntesis hace 2,500 millones de años. Este mecanismo masivo absorbió el dióxido de carbono abundante en la Tierra primitiva y lo transformó en oxígeno, cambiando para siempre la historia del planeta.

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Con el tiempo, los gases se combinaron y formaron la atmósfera actual, que también estabilizó la temperatura global. Solo después de esa oxidación masiva surgió la vida compleja. Las células desarrollaron nuevas rutas metabólicas y evolucionaron hasta formar núcleos, mitocondrias y redes internas. Una vez establecida esta plataforma, la evolución siguió tres grandes caminos: plantas, hongos y animales.

Fotones únicos del Sol

Para que ocurra un evento similar, la estrella debe emitir un tipo particular de luz: los fotones PAR (photosynthetically active radiation). Estos fotones permiten una fotosíntesis sostenida y eficiente, capaz de detonar un evento de oxidación global.

El estudio calcula que los planetas que orbitan enanas rojas reciben muy pocos fotones PAR. Según el paper, el Sol emite hasta un 22% de sus fotones en ese rango, mientras que una estrella roja ultrafría apenas alcanza el 0.15%. Esta enorme diferencia incrementa el tiempo necesario para que ocurra un evento de gran oxidación.

En el peor de los escenarios, un planeta rocoso en TRAPPIST‑1 necesitaría 63,000 millones de años para alcanzar niveles de oxígeno libre comparables a los de la Tierra. En el mejor, unos 10,000 millones de años. Para ponerlo en contexto, la Tierra tardó entre 200 y 400 millones de años.

Los autores concluyen que en un planeta hipotético (similar a la Tierra en tamaño, pero orbitando una enana roja), el oxígeno nunca alcanzaría niveles significativos en la atmósfera, y mucho menos se produciría una explosión cámbrica.

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