julio 28, 2026

Ourense se prepara para la implementación de la Zona de Bajas Emisiones en dos semanas

El próximo viernes 26 de diciembre, Ourense amanecerá transformada, aunque la mayoría de sus habitantes aún no comprenda del todo el porqué ni el cómo. Ese día entrará en vigor la Ordenanza de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE), un imperativo legal que establece una barrera en el centro de la ciudad para expulsar a los vehículos más contaminantes. Sin embargo, lo que debería ser un avance en la movilidad sostenible se presenta rodeado de confusión, ya que el gobierno de Gonzalo Pérez Jácome ha decidido implementar la medida de manera poco clara, dejando a miles de conductores en un estado de incertidumbre y trámites pendientes a pocos días de su entrada en vigor.

La falta de información por parte del municipio contrasta con la magnitud del cambio físico y administrativo que se avecina. No se trata únicamente de restringir el acceso a los coches sin etiqueta, sino de una reconfiguración total del entorno urbano que incluye la eliminación definitiva de la ORA (zona azul) a partir del 1 de enero y la peatonalización irreversible de arterias clave del centro. Todo esto se está gestionando a través de Boletines Oficiales y sin una oficina de atención al ciudadano clara; durante el reciente puente festivo, se pudieron observar algunas carpas informativas en lugares como el Paseo, lo que resulta insuficiente para una población envejecida que ahora debe tramitar permisos contrarreloj.

La nueva muralla

Desde el 26 de diciembre, el área delimitada por las calles Habana, Emilia Pardo Bazán, Pena Trevinca, Coruña, Progreso y la Plaza de Concepción Arenal se convertirá en un territorio restringido. Circular por estas calles fronterizas seguirá siendo permitido; lo que estará prohibido para los coches sin distintivo ambiental (gasolina anteriores al 2000 y diésel anteriores al 2006) será acceder al interior de esa zona central.

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El cambio más notable que experimentarán los ourensanos durante la Navidad será la peatonalización de numerosas calles, además de la ZBE, que se implementará simultáneamente. La nueva ordenanza de tráfico, modificada en paralelo a la ZBE, eliminará el tráfico rodado en vías que hasta ahora eran compartidas. Así, a partir del 26 de diciembre, se declararán oficialmente peatonales las calles Concordia, San Francisco, Arturo Pérez Serantes, Xoaquín Lorenzo “Xocas”, Teluro, así como los tramos iniciales de la Avenida de Buenos Aires (hasta Bedoya) y de Bedoya (hasta Ramón Cabanillas). En estas vías, el coche perderá su predominio y el acceso estará restringido, salvo para garajes y servicios comerciales.

Multas no (de momento)

Ante la evidente falta de preparación de la ciudadanía, la normativa establece un calendario de implementación a dos velocidades. La ordenanza entrará en vigor el 26 de diciembre y las cámaras de lectura de matrículas comenzarán a registrar accesos. Sin embargo, se abrirá una “fase informativa” de seis meses, por lo que las multas económicas no se activarán hasta el 1 de julio de 2026.

Durante este semestre de gracia, el conductor infractor recibirá una notificación advirtiéndole de su infracción, pero no tendrá que pagar los 200 euros de sanción. Además, para evitar el colapso del tráfico norte-sur en una ciudad con pocas alternativas, el Concello permitirá temporalmente la libre circulación por el eje que forman las calles Juan XXIII, Concejo y Curros Enríquez (hasta el cruce con la Habana). Estas arterias no se cerrarán a los coches sin etiqueta hasta la “Fase 2”, programada para el 1 de enero de 2029.

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El fin de los parquímetros

La tercera pieza de esta revolución llegará el día de Año Nuevo. La ordenanza derogará el servicio de estacionamiento regulado a partir del 1 de enero de 2026, suprimiendo la ORA de manera definitiva. Los parquímetros dejarán de funcionar y aparcar en superficie en el centro dejará de ser de pago. El gobierno local justifica esta medida para evitar el “tráfico de agitación” (coches dando vueltas buscando sitio), pero la realidad inmediata podría convertir las plazas gratuitas del centro en un recurso escaso, sin rotación forzosa, dentro de un perímetro cada vez más complicado de acceder.

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