
La enigmática radioseñal “Wow!”, uno de los registros espaciales más célebres y durante décadas considerada como una posible tecnofirma extraterrestre, ha revelado nuevos indicios sobre su origen. La onda extremadamente intensa captada en la década de 1970 es de origen natural y, con bastante probabilidad, fue emitida por una llamarada de magnetar u otra fuente intensa de radiación ultravioleta amplificada por una nube de hidrógeno.
La historia de la señal Wow! se remonta a 1977, cuando el radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio detectó durante 72 segundos una onda de radio 30 veces más fuerte que el ruido de fondo del espacio. Al revisar la información anómala, el astrónomo Jerry Ehman subrayó los números que superaban la barrera de lo “normal” y escribió “Wow!” al margen, expresando su emoción.
La señal emergió en un contexto de intensa actividad científica relacionada con el fenómeno SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre). En esa época, la comunidad científica lanzaba sondas al espacio, formulaba ecuaciones sobre la probabilidad de vida alienígena y debatía teorías sobre la aparente soledad de la Tierra. Era natural vincular Wow! con una posible emisión tecnológica de origen desconocido. Sin embargo, la ausencia de un pulso similar en años posteriores dejó sin respuesta el misterio sobre el origen y la naturaleza del “dispositivo” que emitió aquella onda.
Hoy en día, el interés por que Wow! sea una señal SETI ha disminuido, pero sigue siendo un enigma fascinante para la astronomía. En los últimos años, un grupo de científicos ha comenzado a reanalizar los registros disponibles de Wow! utilizando tecnología de última generación en busca de una explicación.
Un amplificador de radiación espacial
En 2024, el Laboratorio de Habitabilidad Planetaria de la Universidad de Puerto Rico utilizó el radiotelescopio de Arecibo para buscar señales similares en áreas cercanas al campo original. El observatorio detectó una serie de “ecos” naturales que presentaban duración y frecuencia similares a la firma original. Estas señales provienen de regiones pequeñas y densas en el centro de la Vía Láctea, donde existen abundantes nubes de hidrógeno.
El equipo sugiere que estas nubes generaron superradiancia, un fenómeno en el que los átomos emiten radiación de manera coordinada y amplificada. Los físicos comparan la superradiancia con el volumen que produce el amplificador de una guitarra eléctrica. Un objeto como una estrella de neutrones con campos magnéticos extremadamente intensos podría haber interactuado con estas nubes y generado la señal que en 1977 fue
