julio 27, 2026

Martín Soto: un nuevo nombre y oficio tras un oscuro pasado

Oculto a plena luz del día, como Tom Ripley, Martiño Ramos Soto caminaba por las calles de La Habana. Su nueva identidad parecía estar enmascarada tras una cámara fotográfica que colgaba de su cuello, con la intención de capturar la curva de la luz, tal como lo indicaba su cuenta de Instagram bajo el seudónimo de Martín Soto. Era como si su rostro y su cuestionable pasado pudieran ocultarse tras el camuflaje de las abreviaciones.

Un entorno selecto

No fue cualquier lugar el que eligió el tránsfuga para establecerse. La barriada de El Vedado, específicamente en la calle 27 entre E y F, fue el último sitio donde se le vio. Este es un área céntrica y exclusiva de la capital cubana, donde el costo de un Airbnb puede superar los 200 euros por tres noches. Desde su llegada en julio, el recién llegado, con el obturador de sus intenciones ocultas listo para ser accionado, centró su atención en el ambiente cultural habanero. “Lo vi por primera vez en la galería-taller Gorría, durante el Jam Poetry. Él estaba en el público, sentado como uno más. Al finalizar el evento, se acercó a mí para elogiarme. Luego comencé a encontrarlo en exposiciones y eventos de artes visuales. Si no me equivoco, hasta impartió talleres sobre fotografía…», relata una persona que lo conoció en octubre.

Durante el Noviembre Fotográfico, un evento organizado por la Fototeca de Cuba, Martín Soto se mezcló entre el público con la naturalidad de un asistente común. En la isla, no había ninguna condena que lo persiguiera, ni sentencia en su contra.

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Un refugio estratégico

A pesar de que su pasaporte indicaba escalas previas en Brasil y Perú, el destino elegido parecía haber sido planificado de manera deliberada en su particular “ratline”. Cuba, como mecenas ideológico de la izquierda hispanoamericana, encajaba perfectamente en su estrategia de escape. Delincuentes buscados por el FBI, militantes de ETA, del IRA y guerrilleros latinoamericanos han encontrado refugio en la isla. El régimen cubano, sin preocuparse por las atrocidades cometidas, les brindó cobijo. ¿Por qué no establecerse allí, en el último bastión comunista de Occidente? Argumentar una persecución implacable por parte de la extrema derecha contra un militante de izquierdas podría servir como la coartada perfecta. Además, es importante destacar que España y Cuba no tienen un tratado de extradición.

Martiño Ramos Soto, ya capturado, podrá recurrir a cualquier estrategia legal, pero la marca escarlata e indeleble de criminal se encuentra grabada en su pecho.

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