La construcción de la Variante Norte se presenta como un desafío técnico que se estima en, al menos, 174,5 millones de euros, según la documentación oficial. Con una longitud de 4,8 kilómetros, esta obra está concebida como una autovía de alta capacidad (80 km/h), diseñada para conectar Quintela con las carreteras N-525 y N-540 en Vilamarín, además de servir como un enlace estratégico con la A-56. A pesar de que la memoria del proyecto prevé un tráfico diario de 5.355 vehículos, esta infraestructura esencial permanece estancada en su fase de planificación, convirtiéndose en una utopía para los agentes sociales que han perdido la esperanza de su realización a corto plazo.
Estado de las obras
La situación actual de las obras de la Variante Norte se puede observar a través de imágenes a vista de dron, que reflejan la falta de avances significativos en el proyecto. A pesar de la planificación detallada y la inversión proyectada, el progreso tangible en el terreno es prácticamente inexistente, lo que genera una creciente frustración entre los ciudadanos y las autoridades locales.
La plataforma está diseñada con dos calzadas separadas por una mediana de tres metros y barrera rígida, contando con doble carril por sentido desde su inicio en el enlace de Quintela. Para mitigar el impacto en los barrios de A Ponte y O Vinteún, el proyecto original contemplaba una solución ingenieril compleja: la autovía pasaría debajo de la línea ferroviaria convencional Zamora-A Coruña mediante una pérgola de 105 metros, cruzando posteriormente bajo el viaducto de la Línea de Alta Velocidad Ourense-Santiago, logrando así un bypass que liberaría el centro de la ciudad del tráfico pesado.
Inversión en túneles
La mayor parte del presupuesto, que asciende a 65 millones, se destina a los túneles de Eiroás. Estas estructuras subterráneas gemelas atravesarían el monte O Castro con longitudes de 859 y 852 metros, ampliando la circulación a tres carriles por sentido. El diseño incluye un falso túnel para proteger el campo de fútbol de Eiroás, vías de evacuación cada 200 metros y sistemas de seguridad de última generación. La gestión de los residuos del túnel se estimó en cerca de 14 millones de euros, incluyendo la repoblación de una cantera cercana. El trazado concluiría en el enlace de A Casilla con una glorieta, integrando la restitución del Camino de Santiago mediante un paso superior y pantallas antirruido para proteger las zonas habitadas.
Esta meticulosa planificación contrasta con la realidad de un cronograma vacío. Mientras que la documentación detalla hasta el último detector de incendios de los túneles, en el terreno no hay señales de las licitaciones necesarias para que el tramo de A Casilla se materialice. La frustración surge precisamente de este contraste: existe una solución diseñada para aliviar el colapso de la ciudad, pero la inversión se encuentra detenida sistemáticamente.
El Bulevar Termal y su futuro
Junto al lento avance de la Variante Norte, hay otros proyectos en la ciudad atrapados por el “nudo gordiano” que afecta a esta carretera: el Bulevar Termal. Esta infraestructura lleva ya 15 años en espera. Se concebía para aprovechar el despeje que dejaría la Variante Norte en la N-120 a su entrada en la ciudad, paralela al río Miño, con el objetivo de crear un vial urbano que conectara la ciudad con los puntos termales de la fuente de O Tinteiro y las Termas do Muíño, finalizando en Outariz y mejorando el acceso para los visitantes.
El momento más cercano a la realización de este proyecto fue en 2016, cuando se aprobó el enlace de 1,7 kilómetros entre Eirasvedras y Quintela. La entonces edil de Urbanismo, Aurea Soto, buscó un convenio con Turismo de Galicia para dar impulso a la reforma de la vía. Sin embargo, en 2023, el exregidor Francisco Rodríguez -quien promovió el proyecto en su primer mandato- propuso durante la campaña electoral recuperar la iniciativa, solicitando fondos Next Generation, una opción que no fue considerada por el actual gobierno local.

