La arquitectura financiera del “método Jácome”
Detrás de la arquitectura financiera del “método Jácome” se esconde un universo de pufos cotidianos que se trasladan a la gestión diaria del Concello. Este fenómeno deja un rastro de deudas personales y desencuentros que retratan a un alcalde capaz de movilizar patrullas por un teclado defectuoso, mientras su buzón se convierte en un imán para las notificaciones de apremio. La simbiosis entre el tendero pufero y el regidor deudor ha prosperado hasta alcanzar las instituciones: bajo su mando, el Concello de Ourense lidera el ranking de deuda comercial en España, asfixiando a proveedores locales con impagos sistémicos.
Un caso emblemático que ilustra su gestión del mostrador privado es el del exasesor, cuya salida de Democracia Ourensana estuvo marcada por la exigencia legítima del comerciante al regidor para que abonara la ropa que había tomado de su tienda. El alcalde, acostumbrado a no pagar, en lugar de cumplir con su obligación, firmó el cese del leal asesor, evidenciando una máxima de su particular manual de resistencia: en su reino, si un proveedor exige el pago de lo que se le debe, deja de ser considerado fiable.
La táctica del agotamiento fiscal
Esta táctica del agotamiento no se limita al ámbito municipal. La documentación tributaria presentada ante el juzgado revela que Jácome ha convertido el aplazamiento en su forma habitual de cumplir con Hacienda. En sus liquidaciones de IVA, el patrón es recurrente: presenta la declaración con importes pendientes de ingreso y manifiesta sistemáticamente su intención de solicitar aplazamientos o fraccionamientos. En el ejercicio de 2023, su declaración del cuarto trimestre mostró 8.125,26 euros pendientes de pago, una situación que se repitió en periodos como el tercer trimestre de 2020.
Su relación con el IRPF no es menos problemática. Los datos fiscales indican que Hacienda ha tenido que realizar liquidaciones provisionales y regularizaciones forzosas por miles de euros, lo que pone de manifiesto la complejidad de su situación financiera. Este patrón de comportamiento no solo afecta a su imagen pública, sino que también tiene repercusiones significativas en la economía local y en la confianza de los ciudadanos hacia sus representantes.

