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La tardanza de la Justicia en resolver ciertos casos genera situaciones de mucho sufrimiento para los implicados. David Graña se levantó la mañana del 23 de enero de 2018 como un día cualquiera sin saber que después de ese martes, a sus 31 años, su vida nunca volvería a ser la misma. Ese día estrenó una bicicleta que había comprado en Suiza y que le hacía mucha ilusión utilizar. Sin embargo, fue la primera y la última vez que se montó en ella. Cuando se encontraba en la avenida de Celanova, en A Valenzá, una mujer que iba a llevar a sus hijos a la guardería lo atropelló. “Ella salió del garaje y me llevó por delante, poco más recuerdo”, señala.
David fue trasladado en ambulancia hasta un centro médico para una valoración más exhaustiva. Ocho años después todavía tiene secuelas del accidente que siguen condicionando su día a día. “Pasé tres años muy duros, ahora tengo varias hernias y dolores crónicos con los que conviviré el resto de mi vida y que irán a peor. No voy a poder volver a hacer la vida de antes, era un deportista y ahora no soy deportista, sino un simple trabajador”, cuenta.
El impacto del accidente
Sin embargo, ese atropello no solo le ha causado daño físico, también psicológico. La aseguradora del turismo realizó una oferta de 3.601 euros que abonó en marzo de 2019, más de un año después del atropello. “Han sido insuficientes, solo sirvieron para pagar cosas que ya debía”, asegura David. Él y su abogado, Ángel Loureiro, consideraron insuficiente esta cantidad y cifraban los daños en 33.336 euros, por lo que acudieron a los tribunales sin saber que les esperaba una lucha de más de siete años.
Dos reveses judiciales pusieron a prueba la fe de David y de su abogado. El Juzgado de Primera Instancia número 1 de Ourense desestimó su demanda al considerar que la culpa del accidente era exclusiva del ciclista y que la oferta realizada por la aseguradora no impedía a la misma alegar este extremo en el proceso judicial. Ángel Loureiro apeló la decisión ante la Audiencia Provincial, pero el resultado no cambió: se la desestimaron.
La decisión crucial
En ese momento, David Graña tuvo que tomar una decisión crucial en su vida: acudir al Supremo, exponerse a seguir sumando unas costas que podían superar los 15.000 euros y continuar dilatando el caso con el sufrimiento añadido que causa la incertidumbre o rendirse definitivamente y pasar página. “No solamente no nos pagaban, sino que tenía que pagar al abogado de la parte contraria”, explica.
Una decisión que tuvo que tomar mientras su vida se desmoronaba poco a poco: no podía trabajar, los problemas económicos eran cada vez más grandes y su vida se encontraba en punto muerto. Él y su pareja querían ser padres, pero el accidente y la posterior lucha judicial frenaron en seco esta idea. Ángel Loureiro estaba convencido de que tenían razón e hizo un pacto con él: si perdían no le cobraba un solo euro. Finalmente, David Graña decidió presentar recurso ante el Supremo.
La espera y la esperanza
Mientras el Supremo resolvía, la situación para David Graña y su familia continuaba siendo crítica. “Estás en una cama tirado sin poder hacer nada porque no puedes trabajar y además perdiendo oportunidades laborales muy buenas”, recuerda. En ese tiempo, su pareja tenía cuatro empleos para poder sacar a la familia adelante. “Llegué un día a trabajar en Expourense y al cabo de media hora me dijeron que me tenía que ir, les pregunté qué hice mal y me dijeron que no me podían dar de alta en la Seguridad Social, que era imposible que trabajara tantas horas al día”, cuenta ella.
David vivió el peor momento de esta eterna espera el año pasado. “No tenía nada y es que puedes tirar, pero llega un momento que te ahogas. Imagínate recuperarte de tres años sin poder producir”, recuerda. La incertidumbre lo carcomía por dentro. “Cuando no sabes en qué va a acabar el caso tienes que trabajar duro aunque no puedas. Vengo de estar un año y medio en una cama otra vez por culpa de esto y me tuve que volver a levantar y cada vez es más difícil”, añade. El 18 de mayo, el día que David cumplió 40 años, recibieron la tan ansiada noticia: el Supremo les dio la razón.
Esta decisión judicial vuelve a abrir las puertas de par en par a la esperanza. El fallo del alto tribunal devuelve el caso a la Audiencia y ya no permite cuestionar la culpa, solo debatir la cantidad que debe pagar la aseguradora a David Graña. “El dolor crónico lo tengo igual, pero duermo más tranquilo”, confiesa. Estas últimas semanas no solo

