julio 27, 2026

Condenado por arrojar al perro Pistón desde 90 metros de altura en la AG-53


Noventa metros de caída libre sobre las aguas del río Barbantiño marcaron el destino de Pistón, un perro de caza de raza griffón. Su propietario, en un acto de crueldad, decidió deshacerse de él arrojándolo desde el viaducto de la autovía AG-53 en Ourense la noche del 3 de abril de 2023. A pesar de la brutalidad del impacto, el animal desafió a la muerte y logró sobrevivir. La titular de la plaza 2 de la Sección Penal del Tribunal de Instancia de Ourense ha condenado a su verdugo, Nilo L. C., a 12 meses de prisión y tres años de inhabilitación por un delito de maltrato animal.

El cruel acto y su captura en video


Las cámaras de vigilancia de la autovía registraron el momento. Según la sentencia, a las 23:25 horas, el acusado condujo su furgoneta hasta el kilómetro 85,500. Allí, detuvo el vehículo en varias ocasiones, invadiendo el arcén, y se asomó a la barandilla para evaluar la caída. Finalmente, ejecutó su plan. El fallo judicial describe la escena con claridad: “Con ánimo de menoscabar la integridad física de dicho cánido, de una manera completamente injustificada, lo introdujo en la furgoneta (…) y, tras parar varias veces en un tramo de 20 metros en el viaducto, lo arrojó al río”.


El impacto desde esa altura, que oscila entre 90 y 100 metros, es habitualmente letal. El propio acusado sabía que ese puente es conocido por actos suicidas, dado que la altura asegura la muerte. Sin embargo, el destino de Pistón fue diferente. Unas ramas rotas amortiguaron su caída antes de caer al cauce del río, salvándole la vida. Tres días después, el 6 de abril, el perro fue localizado por la Guardia Civil bajo unos arbustos junto a un pilar de la autovía; presentaba un estado “desaliñado y desprendía un fuerte olor, además de tener una cojera importante”.

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Defensa y argumentos en el juicio


Durante el juicio, el acusado intentó evadir la condena presentando una versión que la magistrada, Susana Pazos, calificó de “surrealista”. Nilo afirmó que aquella noche no arrojó a un perro, sino una bolsa con una sudadera de Star Wars que olía mal, justificando su parada inusual en plena autovía porque iba acompañado de “una chica muy fina”. Además, su defensa trató de presentar un perfil amable del acusado, argumentando que haber tenido más de 80 perros a lo largo de su vida lo convierte en un “amante de los animales”, incapaz de cometer tal atrocidad. La respuesta de la jueza fue contundente: “La única conclusión objetiva que podemos sacar de ese dato es que, efectivamente, el acusado ha sido a lo largo de su vida titular de esa gran cantidad de perros, pero no de que los haya cuidado adecuadamente”.


La resolución judicial no escatima en reproches hacia la conducta del condenado. Se destaca la frialdad con que llevó a cabo su acción, buscando el punto adecuado para arrojar al animal, lo que evidencia, según la magistrada, “una falta absoluta de escrúpulos y sensibilidad”. En su argumentación, se deja claro que el objetivo final era la aniquilación del perro, subrayando la crueldad del método elegido: “Lo que, sin duda, perseguía el acusado era causar la muerte al animal y, además, de una forma particularmente cruel y salvaje, aunque afortunadamente no haya conseguido su propósito, por causas ajenas a su voluntad”.

Consecuencias y compensación


El condenado deberá afrontar las consecuencias de su propia crueldad, siendo obligado a indemnizar con 1.246,16 euros al hospital veterinario Anicura Abros, cuyos profesionales lograron curar a Pistón.

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