julio 27, 2026

Cálices y cruces protegidos: el Obispado de Ourense resguarda su patrimonio

La vulnerabilidad de los templos rurales

Los templos religiosos se han convertido en un blanco habitual para los delincuentes, especialmente aquellos situados en zonas rurales. La escasa vigilancia, la baja probabilidad de ser sorprendidos por vecinos, la falta de alarmas y la escasez de cámaras de seguridad hacen que estos lugares sean más atractivos para los ladrones. El objetivo principal suele ser el dinero en metálico, aunque hay casos en los que los delincuentes buscan objetos de mayor valor, como es el caso de la conocida “Banda de los Cristos”, que ha estado robando crucifijos de lápidas en cementerios de la comarca de Celanova.

Para contrarrestar esta situación, el Obispado de Ourense ha implementado una serie de medidas de seguridad. “Les decimos a los párrocos que no dejen dinero en las iglesias. Que realicen la recaudación semanalmente y depositen el dinero en el banco lo antes posible”, explica Raúl Alfonso, vicario episcopal para el Patrimonio y Sostenimiento de la Iglesia. “Los ladrones buscan monedas y billetes”, añade, enfatizando la necesidad de proteger los recursos de las parroquias.

El impacto de los robos en las comunidades

Los robos, generalmente perpetrados por delincuentes no profesionales en busca de dinero rápido, suelen causar más daño material que beneficio económico. “Rompen puertas y destrozan todo”, señala Alfonso. Un caso reciente ocurrió en la iglesia de Amiudal, en el concello de Avión, donde los delincuentes accedieron durante la noche del 6 al 7 de marzo, utilizando un taladro para quitar los bombines de la puerta. Una vez dentro, revolvieron el lugar y se llevaron un botín de 500 euros y unos pendientes de las vírgenes.

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La falta de medidas de seguridad en muchos templos rurales agrava la situación. “Algunas parroquias pueden permitirse cámaras y alarmas, pero la mayoría no puede mantener un sistema de seguridad. A muchas ya les cuesta pagar la luz”, indica el vicario de Patrimonio. Por ello, se insta a los párrocos a no guardar dinero en las iglesias, una práctica que ya se está adoptando en muchos casos. Sin un botín potencial, los ladrones podrían descartar estos templos como objetivos.

La protección del patrimonio religioso

No solo el dinero es atractivo para los ladrones; la Iglesia también alberga objetos de gran valor, como cálices, custodias e incensarios de varios siglos de antigüedad. Un ejemplo de esto ocurrió en septiembre, cuando se robó un llamador de metal de más de 300 años de la Catedral de San Martiño. Para evitar la pérdida del patrimonio religioso, el obispado emitió un decreto que instruye a los párrocos a depositar en el depósito diocesano aquellos bienes que no puedan ser custodiados de forma segura en las iglesias.

Esta medida obliga a los párrocos a entregar los bienes que no pueden ser protegidos adecuadamente en sus iglesias, así como aquellos que no son de uso habitual en el culto. Además, se ha establecido que las piezas que se puedan custodiar en condiciones de seguridad deben contar con una ficha de inventario con imágenes actualizadas para facilitar la denuncia en caso de robo. La protección del patrimonio religioso es una prioridad, y se están tomando medidas para garantizar su seguridad y conservación.

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