
Controversia en el Hostal dos Reis Católicos
La polémica en torno a la intervención en el Hostal dos Reis Católicos continúa en aumento, atrayendo nuevas críticas desde el ámbito del patrimonio. La Asociación para la Defensa del Patrimonio Cultural Gallego (Apatrigal) ha tomado la iniciativa de dirigirse directamente al responsable del Plan Director del emblemático edificio, cuestionando la solución adoptada en las gárgolas.
El presidente de Apatrigal, Carlos Fernández Coto, ha manifestado la necesidad de revisar el proyecto, subrayando que el entorno del Obradoiro requiere intervenciones cuidadosas y respetuosas con su valor histórico. En su análisis, sostiene que existen alternativas técnicas suficientemente contrastadas que permitirían resolver el problema sin alterar la estética original del conjunto.
Modificaciones que generan debate
El centro de la controversia radica en la incorporación de tubos de cobre en los aliviaderos de piedra durante las obras de rehabilitación. Esta modificación ha alterado visiblemente la imagen de la cornisa de la fachada, desatando un intenso debate ciudadano y numerosas críticas, incluso hacia arquitectos involucrados en el proyecto, como David Chipperfield.
Apatrigal ya había sido la primera entidad en alertar sobre esta actuación la semana pasada, y ahora refuerza su postura con una comunicación directa al responsable del plan, José María Sánchez García, buscando frenar una intervención que consideran inadecuada para un lugar de tan alto valor patrimonial como el conjunto del Obradoiro.
Una carta abierta al equipo redactor
Estimados compañeros. Me dirijo a ustedes desde el respeto profesional, pero también desde la obligación de transmitirles una preocupación que ha dejado de ser técnica para convertirse en una cuestión de alcance social, cultural e incluso cívico.
La intervención ejecutada en las gárgolas del Hostal dos Reis Católicos, mediante la introducción de tubos metálicos visibles, no solo ha generado debate: ha provocado una contestación amplia, fundamentada y creciente. No estamos ante una discrepancia puntual, sino ante una actuación que la ciudadanía percibe como impropia de un lugar como el Obradoiro.
La magnitud de la reacción debería ser, por sí sola, motivo suficiente para una reflexión profunda, especialmente cuando voces de referencia internacional, como la de David Chipperfield, han señalado con claridad el desacierto de la solución adoptada.
Cuando esto sucede, ya no es posible refugiarse exclusivamente en la cobertura técnica o administrativa de la intervención, ni en la autorización de patrimonio. Porque aquí no está en discusión la necesidad de evacuar el agua, que es evidente, sino la forma en que se decidió hacerlo. Y esa forma, tal como fue ejecutada, no está a la altura del lugar en el que se inserta.
La Praza do Obradoiro no admite banalizaciones ni respuestas extravagantes. Para Galicia, es un espacio de máxima significación histórica y simbólica, donde cada elemento forma parte de un equilibrio extremadamente delicado. Intervenir en él exige algo más que resolver un problema: exige comprender dónde se está actuando.
Las gárgolas del antiguo Hospital Real, obra de Enrique Egas, son parte de ese equilibrio. No son simples desagües, sino piezas donde la función técnica se integra en un discurso arquitectónico y simbólico coherente. Alterar su lectura mediante la introducción de elementos ajenos supone romper ese discurso.
El resultado es evidente: una solución que no dialoga con la arquitectura, que no se integra en su lógica material y que introduce un elemento visualmente agresivo en uno de los conjuntos más sensibles del país. No se trata de una cuestión de gusto, sino de adecuación.
Además, es importante señalar que a los gallegos no nos incomoda la intervención contemporánea; nos incomoda la intervención que no entiende el lugar. En un espacio como el Obradoiro, el arquitecto debería aspirar a pasar desapercibido, a desaparecer en la obra, a dejar que sea el edificio quien continúe hablando.
Lo contrario, introducir elementos que reclaman atención y que alteran la percepción del conjunto, no responde a esa lógica, ni a lo que socialmente se espera de una actuación de este nivel. En el siglo XXI existen soluciones técnicas sobradamente contrastadas que permiten resolver la evacuación de aguas sin recurrir a expresiones tan rudimentarias.
Canalizaciones ocultas, sistemas integrados o intervenciones más afinadas hacen posible compatibilizar eficacia y respeto patrimonial. La elección realizada, por lo tanto, no puede justificarse como única ni como inevitable.
Por todo ello, la situación actual requiere algo más que explicaciones: requiere una revisión. No como gesto de debilidad, sino como ejercicio de responsabilidad profesional e institucional. Porque persistir en una solución ampliamente cuestionada solo contribuye a agrandar la distancia entre la intervención y la sociedad a la que sirve.
Esta carta no pretende una desautorización personal, pero tampoco puede ser neutra. Es una llamada clara a reconsiderar lo ejecutado y a situar la intervención en el nivel de exigencia que el Obradoiro impone. Porque, en última instancia, lo que está en juego no es una decisión constructiva concreta, sino el respeto debido a uno de los espacios más significativos de Galicia y la responsabilidad compartida de transmitirlo sin distorsiones a las generaciones futuras.
Esperamos, por tanto, que esta situación sea reconducida con una solución acorde a la dignidad del lugar.
Cordialmente,
Carlos Henrique Fernández Coto
Arquitecto. Presidente
