agosto 12, 2026

Sin jefes ni Estado: una monumental obra civil prehispánica que solo necesitó organización comunal y colectiva

Durante siglos, un vasto sistema hidráulico de canales y camellones transformó las llanuras inundables de Colombia. La magnitud de esta obra parecía sugerir una lógica similar a la de una pirámide: una construcción dirigida desde arriba por una autoridad capaz de organizar y movilizar a grandes grupos de trabajadores. Sin embargo, un análisis reciente publicado en Communications Sustainability sugiere una alternativa: quizás fueron las comunidades agrícolas locales las que lograron construirla mediante el trabajo colectivo, sin necesidad de una organización política centralizada.

Para comprender la escala de esta red, es necesario observarla desde el aire. El Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) estima que el sistema abarca entre 350,000 y 400,000 hectáreas en La Mojana y el Bajo San Jorge, donde aún se pueden identificar las huellas de canales, camellones y plataformas artificiales. Las sociedades prehispánicas comenzaron a modificar este paisaje del norte de Colombia hace aproximadamente 3,000 años, y diversas partes de la red continuaron en uso hasta alrededor de los siglos X y XI de nuestra era.

«El jardín del millón de espejos de agua»

La red hidráulica prehispánica permitía redistribuir el agua y los sedimentos de la planicie, mantener superficies cultivables durante las inundaciones y acercar peces desde las ciénagas hacia las zonas habitadas. En lugar de intentar contener el agua, como hacen los diques modernos, el sistema aprovechaba sus ciclos estacionales: los canales facilitaban su circulación mientras los camellones mantenían los cultivos por encima del nivel de inundación. Este manejo del territorio coincidió con algunas de las mayores densidades de población conocidas en la Colombia prehispánica.

No obstante, durante décadas, esa escala condicionó la interpretación de los arqueólogos. Una infraestructura tan extensa y regular parecía difícil de explicar sin algún tipo de autoridad capaz de planificar las obras, coordinar el trabajo y movilizar recursos a gran escala. “Estos sistemas de campos son tan impresionantes que se ha asumido que fueron creados por cacicazgos jerárquicos. Nuestros datos cuentan una historia muy diferente”, afirmaron los investigadores.

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Trabajar menos, lograr más

El nuevo estudio abordó el problema desde otra perspectiva. En lugar de asumir que una obra tan grande necesitaba una autoridad que organizara su construcción, los investigadores calcularon cuánto trabajo habría requerido realmente. Para ello, analizaron con imágenes de alta resolución unas 500 hectáreas de la antigua red e identificaron 1,601 camellones. Luego, midieron sus dimensiones para estimar cuánta tierra tuvieron que mover sus constructores.

Los cálculos arrojaron un volumen estimado de aproximadamente 353,000 metros cúbicos de tierra. Aunque parece una cantidad considerable, los investigadores estiman que una comunidad de unas 1,600 personas, con 800 de ellas participando en la construcción, habría podido levantar todo el sistema analizado, que se extiende sobre unas 500 hectáreas, en apenas 22 a 44 días. Incluso bajo sus estimaciones más conservadoras, todo el trabajo cabría dentro de una sola temporada seca de tres a cuatro meses.

“Nuestros hallazgos indican que las comunidades locales fueron capaces de construir estos sistemas en períodos de tiempo muy cortos y de organizarse por sí mismas en lugar de depender de una poderosa fuerza externa», se destacó en un comunicado.

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