Un accidente inesperado
El 25 de julio de 2020, durante la celebración de un cumpleaños, Juan Carlos Ramos se encontraba disfrutando de un día en la piscina junto a sus hijos adolescentes. En un momento de diversión, decidió lanzarse al agua, pero no tuvo tiempo de protegerse. “Fue instantáneo. Me corrió un escalofrío desde el cuello hacia abajo y ya no pude moverme”, recuerda con pesar.
El accidente resultó en una grave lesión que afectó su C8, lo que le ocasionó una falta de movilidad “de pecho hacia abajo”. Además, ha enfrentado otras secuelas, como la pérdida de la regulación de la temperatura corporal: “Puedo tener un golpe de calor y no sentirlo”. Lo que más le impactó fue que el incidente ocurrió en un entorno tan común como una piscina, “sin ninguna actitud de riesgo. Le puede pasar a cualquiera”, advierte.
El camino hacia la recuperación
Tras el accidente, Juan Carlos pasó cinco meses en la unidad especializada del CHUAC. Actualmente, asiste semanalmente a sesiones de rehabilitación y se ha vinculado a la asociación ASPAYM Galicia, donde encuentra el apoyo necesario para sobrellevar su nueva realidad. A sus hijos, quienes fueron testigos del accidente, les aconseja vivir “con precaución, pero sin miedo”.
La experiencia de Juan Carlos no solo resalta la fragilidad de la vida, sino también la importancia de la resiliencia y el apoyo familiar en momentos de adversidad. Su historia es un recordatorio de que los accidentes pueden ocurrir en cualquier lugar y que la precaución es fundamental para evitar situaciones que cambien la vida de manera drástica.

