julio 27, 2026

Especialistas advierten sobre la propagación de supergonorrea en Europa

La gonorrea, considerada una de las infecciones de transmisión sexual más prevalentes, se ha convertido en un creciente reto para la salud pública. Este fenómeno no solo se debe al aumento constante de casos en Europa, sino también a la notable capacidad de la bacteria responsable, Neisseria gonorrhoeae, para desarrollar resistencia a los antibióticos, fenómeno conocido como “supergonorrea”, según lo indicado por la OMS.

Un reciente informe del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) señala que, entre 2019 y 2023, la capacidad de los países europeos para detectar y responder a estas cepas resistentes ha disminuido en varios aspectos cruciales.

Desarrollo de resistencia a antibióticos

Para los expertos en este campo, la situación actual no es sorprendente. En las últimas dos décadas, la bacteria ha ido adquiriendo resistencia a diversas clases de antibióticos, incluyendo penicilinas, fluoroquinolonas, macrólidos y cefalosporinas. Actualmente, la ceftriaxona sigue siendo el tratamiento principal, pero ya se han identificado cepas multirresistentes (MDR) y extensamente resistentes (XDR), que limitando seriamente las opciones terapéuticas disponibles.

El informe del ECDC evalúa la implementación del plan europeo de respuesta actualizado en 2019 para abordar esta amenaza. Como se esperaba, la estrategia ha resultado insuficiente. Aunque algunos indicadores muestran mejoras, especialmente en la actualización de guías clínicas y la capacitación de profesionales, otros aspectos esenciales para la vigilancia epidemiológica han retrocedido.

Problemas en la vigilancia epidemiológica

Uno de los principales desafíos es la disminución de la capacidad para monitorear la resistencia bacteriana. La participación de los países en Euro-GASP, la red europea que supervisa la resistencia de la bacteria a los antibióticos, ha caído de 26 de 31 participantes en 2019 a 24 de 30 en 2023. Además, ha disminuido el número de laboratorios que participan en programas de control de calidad, una herramienta vital para asegurar que los resultados obtenidos en diferentes países sean comparables y confiables.

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Curiosamente, el número de muestras analizadas ha aumentado. En 2023, se estudiaron más de 5200 aislamientos bacterianos, en comparación con poco más de 4100 en 2019. Sin embargo, este crecimiento se ha concentrado en un número limitado de países, lo que no compensa la pérdida de representatividad geográfica del sistema de vigilancia.

Disminución de cultivos bacterianos

Otra tendencia preocupante para los especialistas en salud pública es la reducción en la realización de cultivos bacterianos. Actualmente, el diagnóstico de la gonorrea depende en gran medida de pruebas moleculares rápidas, conocidas como NAAT, que detectan el ADN del microorganismo con gran precisión. Estas pruebas permiten confirmar la infección, pero no generan bacterias vivas para evaluar su sensibilidad a los antibióticos.

Como resultado, la disponibilidad de muestras para investigar la aparición de nuevas resistencias ha disminuido. El porcentaje promedio de clínicas especializadas con acceso a cultivos y pruebas de sensibilidad cayó de 97.3% en 2019 a 82.6% en 2023. Asimismo, la proporción de casos en los que se realizó un cultivo con análisis de resistencia se redujo de 38.5% a apenas 29.5%.

Los autores del informe advierten que esta situación limita la capacidad de detectar oportunamente la aparición de capas resistentes y dificulta la actualización de las recomendaciones terapéuticas.

Aspectos positivos en el tratamiento

A pesar de las preocupaciones sobre futuros brotes de “supergonorrea”, no todos los hallazgos del informe son negativos. En el ámbito clínico, los países europeos han logrado una notable mejora en la armonización de sus tratamientos. En 2023, todos los países con guías nacionales recomendaban los antibióticos establecidos por las directrices europeas de 2020, en comparación con el 73% registrado cuatro años antes.

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También se ha observado un aumento en las actividades de capacitación para el personal de laboratorio, especialmente tras la reanudación de los cursos especializados que habían sido suspendidos durante la pandemia de covid.

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